martes, 19 de septiembre de 2017

Cabo Verde. Visita a Praia y excursión a Cidade Velha

PRAIA

Tras dormir como bebés en la Vivienda Viviani, desayunamos bastante bien en el comedor. En otros viajes nos hemos buscado la vida para desayunar y está bien, pero hay que reconocer que es súper cómodo tener el desayuno en el alojamiento, sobretodo cuando acabas de llegar a tu destino y prácticamente no sabes ni dónde tienes el pie derecho.

Con descanso y la barriga llena todo se ve más positivo, así que salimos dispuestos a descubrir la capital de Cabo Verde. Nuestro primer destino, el mercado del pescado en el puerto pesquero. Habíamos leído que era un imprescindible y no nos lo debíamos perder. Llegamos en taxi por 300cvd (unos 3€) y al acercarnos ya descubrimos el movimiento constante de gente. En la puerta Quim preguntó si podíamos entrar y nos dijeron que con Éric no, ¡zas! la primera en la frente. Recién llegados, con un calor sofocante y sin sombra donde resguardarse el que se quedara fuera con Éric, decidimos no entrar y nos conformamos hablando con la gente que estaba fuera vendiendo pescado y haciendo algunas fotos.

Pescadera a la salida del mercado del pescado

La gente de Cabo Verde es especial, hay una palabra para definirlos; morabeza. Significa más o menos que tienen muy buen rollo, son amables y muy acogedores. Aquí en el mercado ya lo pudimos comprobar, Éric llamó la atención de varias personas que nos saludaban chocando el puño y hablamos con algunas vendedoras que se mostraron encantadas cuando les pedí hacer alguna foto.

Nuestro primer destino dio para poco, así que de nuevo un taxi esta vez rumbo al mercado. Otra vez gente por todas partes, movimiento a tope y nosotros al principio un poco torpes en medio del mercado sin decidirnos por dónde empezar. Quim fue a por agua y mientras un hombre se nos acercó interesándose por nuestra procedencia, nos invitó a recorrer el mercado y hacer fotos. Así fue, poco a poco fuimos recorriendo los pasillos, entre miradas curiosas y gente más o menos receptiva. El mercado tiene dos plantas, y casi todos los puestos venden los mismo, frutas y verduras. Es algo que nos llamó mucho la atención, un mercado donde todos venden lo mismo... pero mira ahí están.

Verdulera en el mercado.
Esto ya era otra cosa, empezábamos a coger el ritmo de la ciudad y continuamos nuestro recorrido hasta la plaza Alexandre de Alburquerque. Comenzó a llover un poco y nos refugiamos en un bar con terracita tapada, donde tomamos algo fresco y nos encontramos con otro grupo de españoles. ¡Debíamos ser los únicos de la ciudad y ahí estábamos todos!

Un modo habitual de transportar cosas pesadas.
En la misma plaza está la iglesia y el ayuntamiento, no son gran cosa pero la verdad es que a nivel arquitectónico en Praia hay poco que ver. Justo detrás del ayuntamiento está el palacio de La República donde vive el presidente, pasamos por allí y nos sorprendió que los militares no se mostraran reacios a nuestras fotos, por lo que hicimos algunas interesantes y nos asomamos al mirador que hay al lado del monumento Digo Gomes.

Desde ahí vimos la playa con algunos embarcaderos hechos polvo y nos apeteció bajar a ver que veíamos de cerca. Unos pescadores estaban reparando las redes, se quedaron cuidando de nuestro carro y fuimos por el embarcadero o lo que queda de él, para ver la Isla de Santa María desde aquí. Es un islote donde se aprecian las ruinas de un edificio ya que es aquí donde llevaban a los leprosos antiguamente.

Panorámica desde el mirador junto al Palacio de la República.
Tras la visita cogimos de nuevo un taxi, que ya vimos que iba a ser la forma habitual de movernos por allí, que nos llevó al centro comercial. No penséis en un centro comercial como los de España, enorme con mil tiendas y restaurantes, no, aquí el centro comercial son unas pocas tiendas y algún restaurante de comida rápida. Las costumbres son diferentes y para ellos un sábado al medio día no es sinónimo de salir a comer, así que los pocos restaurantes de comida rápida estaban cerrados y solo nos quedaba uno más grande, el restaurante Mirage, con una terraza bastante chula desde donde veíamos como rompían las olas. Terminó siendo un descubrimiento y comimos bastante bien. Como no el grupo de españoles, en concreto gallegos, volvían a estar aquí. Es inevitable caer en el mismo sitio cuando hay tan poca oferta.

Isla de Santa María
El fresquito de la terraza con la brisa, se nos quitó en dos segundos de camino al hotel. Si algo aprendimos rápido es que al medio día mejor no salir, o lo mínimo. Llegamos acalorados y directos a la pequeña piscina que es un verdadero lujo y disfrutamos como locos.

 Por la tarde teníamos intención de ir a la playa. En Praia no hay grandes playas y nos habían recomendado una con arena más clara y bastante tranquila, A Prainha. Viviani, el dueño del hotel nos había explicado cómo llegar entre otros mil datos de la ciudad y cómo movernos, así que cogimos el taxi y el problema llegó cuando tuvimos que recordar el nombre de la playa. Yo daba por hecho que Quim lo sabía y él no se acordaba, por suerte con mi cara de pocos amigos parece que se le iluminó la bombilla y dijo el único nombre del que se acordaba al taxista....¡Bingo! tuvimos suerte y era la correcta.

Éric disfrutando en A Prainha.
Llegamos a la playa con poca luz pero en plena ebullición. En este país no suelen ir a la playa a pleno día y la gente disfruta hasta que se va la luz del fresquito. Así que no íbamos a ser menos, el agua cálida y muy tranquila. Y total, se nos veía perfectamente, los únicos blancos de la playa y se nos veía a distancia!! jaja.

De noche ya nos dijeron que nosotros como turistas (y blancos) debíamos tener mucho cuidado, así que al anochecer subimos a la carretera para coger un taxi. Por desgracia vimos a un chico correr con un bolso en la mano, acababa de robar a una mujer...está claro que hay que ir con mil ojos. ¡Entendido alto y claro!

CIDADE VELHA

El domingo teníamos pensada una excursión a Cidade Velha. la primera capital de Cabo Verde y la primera ciudad creada por los portugueses. Además en este enclave se hacían muchos negocios con esclavos y era punto de escala en conexión entre Brasil y África. Teníamos muchas ganas de ir, así que tras desayunar cogimos un taxi camino de Sucupira, la zona de la ciudad de donde salen los Aluguer rumbo a nuestro destino.

Aluguer destino Cidade Velha. ¡Y aún caben más!
Los aluguer con furgonetas que hacen rutas entre los pueblos. No es un servicio regular ni con un horario cerrado, ellos salen cuando están llenos por lo que puede ser o muy rápido, o muy muy lento.

La Picota. Lugar donde se ejecutaba a los reos
y subastaban esclavos
En nuestra primera experiencia con este transporte fue bastante bien. Al llegar nos dijeron que saldría en un rato así que nos dio tiempo a ir a por agua (totalmente imprescindible en este país aunque el recorrido sea corto).

Procesión camino de la iglesia.
El aluguer arrancó y ya éramos unos cuantos dentro, pero durante el trayecto va parando y sube más y más gente. Total, que terminamos como sardinas en lata. Nosotros flipados y pasándolo pipa, Éric alucinando y los lugareños con cara de "es lo que hay".

Barcas decoradas en el día del pescador.
Cidade Velha está solo a 12km de Praia, así que no tardamos demasiado en llegar. Primer golpe de suerte, resultó que era la fiesta del Pescador y en el pueblo había una movida increíble. Ya nada más llegar nos gustó lo que vimos, mucho más agradable que Praia, más pequeño y fuimos recorriendo la zona, con el suelo adoquinado y casitas bajas. Entramos en un edificio donde los artesanos venden sus productos y al final como descubrimos el resto del viaje, no eran en realidad cosas hechas por ellos ya que lo venden por todas partes. El caso es que compramos alguna cosilla con un vendedor demasiado persuasivo que no hacía más que regalarnos cosas sabiendo que de ese modo es difícil que nos vayamos sin adquirir nada.

Niña jugando

Niño observando el juego de los barcos.
Subiendo a la iglesia oímos música y al volvernos resultó ser un cortejo que había sacado al Cristo de la iglesia e iban acompañándolo con música. Nos metimos entre la gente y les seguimos hasta la iglesia, donde al rato empezó una misa.

Desde allí oíamos mucho jaleo en la zona de la playa y decidimos descubrir de qué se trataba. Unos cuantos barcos pesqueros hacían maniobras rápidas en una especie de recorrido, mientras les vitoreaban desde la orilla con globos, puestos de comida ¡¡una fiesta con todas las de la ley!!

Preparando la comida típica.
Nos dejamos envolver del ambiente y la verdad es que lo pasamos pipa. Allí coincidimos con una familia de españoles que iban con una peque y terminamos comiendo en el mismo sitio. Un restaurante a pie de playa regentado por un Canario muy cachondo, que cuando vio un barco de la armada española a lo lejos, sacó la bandera porque según él estaban esperando su saludo.

¡Nuestra vista desde el restaurante!
Cuando ya nos dimos por contentos en el pueblo, fuimos a la calle principal donde otro aluguer daba vueltas intentando llenar el vehículo para ir a Praia, nos subimos y al rato los pasajeros hartos de esperar le dijeron que saliera de una vez y ¡menos mal! porque por el camino se llenó bastante.

Cidade Velha merece la pena, es muy tranquila, bonita y ¡te deja un buen sabor de boca! Poco a poco este país nos va conquistando.