sábado, 9 de octubre de 2010

Vietnam. Tam Coc, Tràng An y Hoa Lu

Esta mañana como dos valientes, y quien haya visto el tráfico en Vietnam nos entenderá, hemos recogido nuestra moto de alquiler, era una especie de scooter pero con marchas...un poco distinta a las de España, así que una vez que la de la tienda nos ha explicado cómo hacerla funcionar y un poco cómo llegar a nuestro destino, hemos emprendido camino. Por cierto, que para alquilar no te piden el carnet de conducir, con que pongas el nº de pasaporte para ellos es suficiente.

Quim y la moto de alquiler.
Nuestro primer destino era Tam Coc, el mayor atractivo turístico de la zona, así que como hemos podido nos hemos abierto paso entre el tráfico, o mejor dicho lo ha hecho Quim mientras yo flipaba desde atrás intentando no caerme.

Hemos encontrado pronto el lugar, la verdad es que no tiene pérdida y hemos aparcado donde nos ha indicado un señor que rápido nos ha llevado hasta su puesto y dándonos un ticket ha dado por sentado que era el parking, o bueno uno de los parkings porque allí lo puedes dejar donde la gente de los puestos quiera, todo es cuestión de quien llegue primero para ofrecértelo.

Ya con todo preparado, nos hemos montado en una barca y ha empezado nuestro paseo por el río. Acto seguido nos ha perseguido otra barca en la que nos han empezado a hacer fotos y nos las querían vender a 5USD, nos ha parecido una pasada así que les hemos dicho que no y tras un rato de persistencia nos han dejado tranquilos. El paraje es una pasada, con montañas que rodean el curso del río, parecido a la Bahía de Halong, pero esta vez no salen del mar. Hemos disfrutado como locos, con el paisaje y la tranquilidad del río ya que como era pronto aun no había casi gente.

Vendedora en barca
 El momento crucial y el que estábamos esperando, ya que la Lonely Planet avisa sobre eso, ha llegado al final del recorrido donde han venido varias barcas para intentar vendernos bebida y comida, como no queríamos, ya que llevábamos, nos ha dicho que compráramos para el remero, nosotros ya íbamos preparados y le hemos dado una botella de agua de las nuestras y un bollo, de modo que no le ha quedado otro remedio que irse. No le hemos comprado bebida,  porque como avisan en nuestra guía, una vez compras la bebida y se la das al remero, éste de nuevo se la revende a un precio más barato, así que ya con la lección aprendida hemos salido del paso como hemos podido.

Mujer trabajando en el río.
 La vuelta también ha sido igual de tranquila, cruzándonos eso sí con más barcas y con el intento del remero de vendernos unos mantelitos bastante feos la verdad, hemos llegado hasta la orilla con dolor de culo, pero con un buen sabor de boca a pesar de todo.

Al bajar de la barca de nuevo ha venido la famosa fotógrafa, o alguna compañera y nos ha conseguido vender dos fotos que nos habían hecho, esta vez 30.000 Dongs, que son más o menos 1,5€ y no 5 $ como pretendían al principio.

Hoy ha hecho mucho calor, así que hemos disfrutado de unos refrescos con la grata charla de los dueños del puesto que nos han colocado unas sillas para que nos sentáramos con ellos. Esos momentos son los que valen oro.

El camino ha continuado hasta la pagoda Bich Dong, donde de nuevo hemos disfrutado con el sitio, metido en una gruta, con murciélagos incluidos, y un recorrido que bien vale la pena. Eso sí, con la persecución incluida de un abejorro raro naranja que no habíamos visto nunca y que aquí abunda, ya que luego nos los hemos topado en otros sitios. Y a la salida las primeras compritas, no me he podido resistir y una coca-cola en compañía de un anciano muy majo que nos ha contado que tiene seis hijos y se ha extrañado porque nosotros no tenemos, jeje.

Interior Pagoda Bich Dong.
 Ante la vista de que era pronto y ya con el estómago lleno tras la comida, hemos decidido ir a Trang An, otro lugar parecido a Tam Coc, con barcas para pasear entre promontorios que parecen que nacen de la nada. Llegar hasta allí ha sido toda una odisea, ya que hemos tenido que retroceder hasta la ciudad, atravesar parte de ella y luego aventurarnos por donde parecía que era ya que el mapa que nos han dado es realmente escaso. El caso es que no sabemos muy bien como, recorriendo pueblos y caminos, tragando más polvo que en nuestras vidas, hemos llegado primero a otra pagoda, esta vez la de Bàn Long, muy chula también pero no tan espectacular y de ahí por fin a Tràng An. Aquí hemos dado un paseo y hemos disfrutado de la vista, el sol ya estaba cayendo pero Vietnam parece que está sumida en una eterna polvareda que impide que la luz sea del todo chula, aunque si lo miras desde otro lado precisamente esos tonos son los que la hacen diferente.

Pagoda Bàn Long.
 El último punto de nuestro camino, y es que ya estábamos reventados de la moto ( y de los caminos), ha sido Hoa Lu, antiguamente fue la capital de Vietnam y ahora solo quedan unas ruinas y dos templos. Nada más llegar ha habido un momento extraño en el que tres mujeres me han asaltado mientras Quim aparcaba y me han intentado vender un paseo por las ruinas por 20€, eso aquí es muchísimo, así que después de alucinar bastante y decirles amablemente que no, aquí siempre todo es con una sonrisa, hemos continuado nuestra visita por el lugar.

La vuelta ha sido igual de divertida que la ida, parando de vez en cuando para hacer fotos, disfrutando del paisaje y tragando polvo, hemos conseguido llegar hasta el alquiler de motos, donde la mujer se ha alegrado al vernos...esta claro que no confiaba mucho en nosotros!jeje.

Campesino en moto.
 Mañana de nuevo cogeremos la moto, esta vez ya estamos más preparados, nos hemos comprado unas mascarillas la mar de monas, que aquí lleva todo el mundo y ahora entendemos por qué, que parecen calzoncillos, así que tendremos una imagen muy rarita pero bueno todo sea por no masticar arena!

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