jueves, 25 de noviembre de 2010

Turquía. Llegamos a Göreme (Capadocia)

Tras una noche tranquila en el tren, amanecimos en Ankara. Así que tras un buen desayuno decidimos buscarnos la vida para encontrar el bus que nos llevaría a Capadocia.

Hombre a caballo viendo el atardecer desde lo alto de Göreme.
 Aun éramos pardillos en los desplazamientos por Turquía así que no sabíamos muy bien como llegar a la estación de buses, preguntamos cómo hacerlo y sin saber muy bien como conseguimos llegar hasta una parada en la que nos recogió un minibus y nos llevó más por intuición que por otra cosa hasta la estación de Asti.

Nuri y Elena en el hostel.
Tras 4h30min de bus, en las que dormimos como troncos, incluido Quim que aunque dice que él nunca duerme en los transportes al final es el que más lo hace, llegamos a Göreme nuestro nuevo punto de parada en el viaje desde el que recorreríamos la Capadocia.

Cuando nos estábamos acercando a la zona, ya comenzamos a alucinar con los paisajes, entre lunares, marcianos....una pasada la verdad, así que ya super emocionados aguantamos los últimos minutos en el dolmus deseando llegar cuanto antes.

Elena y Nuri en la habitación-cueva.
Al llegar al pueblo nos indicaron cómo llegar al hostel que habíamos elegido, en esta ocasión era el Traveller´s Cave Pansiyon, tras una buena cuesta llegamos y nos alojaron en una habitación cueva bastante chula. El hostel está muy bien, muy concurrido por japoneses ya que la dueña es japonesa, por la mañana puedes desayunar en la terraza desde la que hay una buena vista de Göreme, así que genial.

Mujer con calabazas.
Así que después de ubicarnos nos fuimos a comer para preparar los próximos días por la zona, en la oficina de turismo nos informaron durante largo rato de las opciones, el chico de la oficina es muy atento y habla mucho, mucho, mucho, pero bueno al final te da la información que necesitas así que tampoco está mal, jeje.

Nuri y Quim, momento té.
 Quim y yo contratamos un paseo en globo para el día siguiente y entre los tres alquilamos un coche para los dos próximos días. De nuevo aquí hay que regatear, negociar y buscar los mejores precios en las diferentes agencias, por suerte están todas juntas. Al final creo que no estuvo mal, el paseo en globo no es barato, unos 100€, pero en nuestro caso fue tan chulo que mereció la pena. El coche nos salió más económico, también facilitado porque ya habíamos contratado el globo con ellos.

Elena y Nuri paseando por Göreme
Así que tras esta actividad desenfrenada en busca de los mejores precios y opciones, nos fuimos a tomar un té tirados en una Haima, donde nos relajamos. Luego una vuelta por el pueblo donde descubrimos las tiendecitas y sufrimos una compra compulsiva de pulseras y de allí a cenar para coger fuerzas para el día siguiente.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Turquía. La cisterna y Santa Sofía

Tocaba seguir conociendo nuevos sitios, así que nos dirigimos a la cisterna de la basílica, una construcción impresionante bajo tierra al lado de Santa Sofía de la época bizantina la cual tiene 336 columnas, era un antiguo depósito de agua, la luz roja escasa le dan un aspecto muy curioso, se camina por una pasarela ya que aún hay agua y en esta peces. Hacía bastante fresquito, por lo que una chaqueta no sobra.

La cisterna de la basílica
 Después nos dirigimos a Santa Sofía, previo paso por seguridad y de pagar la entrada que no es precisamente barata, accedimos a la nave central en donde nos llevamos una sorpresa, en el centro hay un andamio gigantesco que llega hasta el techo y con el que estaban haciendo tareas de restauración. Cuando visitas un sitio así y te encuentras con un andamio que te tapa la visión al principio fastidia un poco, pero bueno es lo que hay, alguna vez tendrán que hacerlo. El interior es espectacular y la cúpula está a gran altura, pasamos bastante rato dentro y hay que tener mucha paciencia para poder hacer una foto sin que aparezcan cientos de personas, se llena bastante.

Los tres tomando algo
 Como nos estábamos quedando sin batería en las cámaras hicimos una parada técnica en el hostel para cargarlas un poco y dirigirnos por fin al palacio Topkapi, el lugar donde todos querríamos vivir, se nota que no se estaban de nada en esa época. El harén no lo visitamos porque había que pagar a parte y hay que ahorrar. El palacio es bastante grande por lo que es recomendable ir con tiempo, pasamos por diferentes salas en las que hay joyas y ropas de la época de los sultanes.

En el palacio Topkapi
 Tocaba moverse, así que con las mochilas a cuestas nos dirigimos a la estación de tren de Haydarpasa. Para llegar aquí tuvimos que coger un ferry al otro lado del puente Galata.
Como teníamos bastante tiempo hasta que saliese nuestro tren, dejamos las mochilas en la consigna de la estación y nos fuimos a explorar, la verdad es que los alrededores de la estación dan un poco de miedo, no hay mucha luz y está un poco desierto, pero mereció la pena, descubrimos un barrio con mucho movimiento y al lado de un tranvía que vimos hay un mercado y muchos bares y restaurantes donde sirven pescado y está lleno de turcos, la zona estaba muy animada y disfrutamos de una cena agradable.

Santa Sofía
Con el estómago lleno volvimos a la estación atravesando la zona oscura y una vez en el tren nos dispusimos a dormir para despertarnos en Ankara.

Turco esperando el tren pacientemente

jueves, 18 de noviembre de 2010

Turquía. Se puede dormir la siesta en Estambul.

El plan de hoy era visitar el palacio Topkapi, antes dimos un paseo por el parque Gülhane, es muy tranquilo y está muy bien, pero ese día no era el adecuado para visitar el palacio, ya que antes de llegar hay un control de la policía y nos dijeron que estaba cerrado ese día, por lo que tuvimos que cambiar de planes.

Que bien se duerme aquí
Decidimos bajar por la zona de la mezquita nueva que está al lado del puente Gálata, mirando hacia el mar, a la izquierda hay unos barcos que no paran de servir pescado a la plancha, es muy curioso y barato y en el lado derecho del puente hay un muelle en el que vimos que podíamos hacer un trayecto de unas 2 horas por el Bósforo, parecía interesante así que subimos a bordo, menos mal que ya estábamos a punto de salir, porque durante los siguientes 5 ó 10 minutos que estuvimos esperando a que subiese alguien más, un hombre de la tripulación a través de un altavoz no paraba de decir "Bósforo, Bósforo tour", consiguió que se nos quedara grabado a fuego, de hecho aún hoy seguimos diciendo la famosa frase.

Puente sobre el Bósforo
 El trayecto fue interesante, desde el barco se ven los palacios, casas de personas que tienen la cuenta corriente mejor que muchos, de vez en cuando nos pasaba algún gran buque y los puentes que cruzan el Bósforo a gran altura son impresionantes. En el barco no dejan fumar, como a Nuri no le sentó muy bien, vio que una guiri lo hacía en la cubierta y se lo dijo a la tripulación, si ella no puede nadie más.
Una vez en tierra, cruzamos el puente Gálata, es increíble la cantidad de gente que hay pescando en los dos lados del puente, había incluso personas vendiendo aparejos para la pesca y cebo. Al otro lado descubrimos un mercado en el que venden pescado, para que el cliente vea que son frescos, muestran las agallas de rojo intenso del pescado y recorriendo este mercado hacia el final hay un restaurante en el que sirven pescado, muy rico, lo malo es que no sirven cerveza.

Mezquita Azul.
 Con el estómago lleno, volvimos a hacer el recorrido a la inversa, pero en lugar de hacerlo por encima, lo hicimos por un segundo nivel que tiene el puente y que está lleno de bares con terrazas y lo que es mejor, con unos pufs o algo así para sentarse, así que nos estacionamos en uno de los bares a tomar algo y sin quererlo ni beberlo, Nuri y yo nos echamos una siestecilla, mientras Elena indignada tenía que vigilar nuestras cosas.

Pescadores en el puente.
 Después de esta reparadora siesta decidimos ir a la mezquita azul para que Nuri la conociese, esta vez no había tanta gente y al poco nos echaron porque llegaba la esperada hora del rezo.
De aquí fuimos a enseñarle la tetería del cementerio que por la noche si te dan miedo estas cosas es curioso, de hecho por la zona hay pequeños cementerios y por la noche iluminan algunas lápidas.

Escribiendo en el diario de viaje
De aquí volvimos a la zona del hostel en donde hay bastantes restaurantes y entramos en uno que hay muy cerca en el que nos llamó la atención una especie de globos huecos de pan que hacen aquí, está muy bien de precio y la comida está muy buena, está en la calle Adliye. Después fuimos a tomar algo a la calle que hay detrás del hostel y te puedes tirar en una especie de sofás a nivel del suelo y puedes fumar en shisha y de aquí a dormir que ya es tarde.

A darle a la shisha

Turquía. De compras por el Gran Bazar y el mercado de las especias.

Después de ir a buscar a Nuri al aeropuerto, nos fuimos a dar una vuelta para que tomara contacto con la ciudad y ver algunos monumentos de alrededor, como sabíamos que estaba cansada tampoco le dimos mucha caña.

Especias
Por la noche fuimos a dar una vuelta y a comer algo, lo hicimos en un pequeño restaurante que tiene una terracita y en la cual hay un chico que habla español, catalán, tiene música de grupos españoles y nos la estuvo poniendo, la verdad es que era muy simpático y nos comentó que sabe hablar varios idiomas y los ha aprendido hablando con los turistas, tiene el restaurante cerca de la entrada al Gran Bazar.

Nuri buscando en la pequeña carta
 El día fue tranquilo, cenamos en la zona de Sultanahmet y después hicimos una cerveza en la terraza de nuestro hostel para luego irnos a dormir.

El día 5 ya con el equipo completo, empezamos a movilizarnos y a preparar una parte del viaje, estuvimos viendo opciones para ir a la Capadocia, para ir en avión deberíamos cruzar la ciudad e ir al otro aeropuerto y la combinación de transporte público no invitaba, después vimos la opción del tren, fuimos a una agencia de viajes en Sultanahmet en donde venden billetes para este transporte y conseguimos literas, por lo menos pintaba bien, íbamos a dormir toda la noche y nos despertaríamos en Ankara y no es nada caro.

Aunque no lo parezca, son helados.
Con los deberes hechos, nos dirigimos al deseado Gran Bazar, uno de esos sitios que tanto se han visto por televisión o en documentales y que cuando entras impresiona, está inundado de tiendas por todas partes y para alguien a quien le gusten las compras es una locura, hay que regatear, en esta primera incursión como estábamos al principio del viaje no íbamos a comprar nada, para no ir cargados. Pero tampoco puedes evitar comprar algo, pero lo mejor venía después, el bazar de las especias, una mezcla de olores, colores y sabores que hace que disfrutes a lo grande.

Vendedor en su tienda
Como la mezquita nueva está al lado entramos a visitarla, había un guiri en la entrada que no entendía lo de quitarse los zapatos y pretendía entrar con ellos puestos y con las bolsas de plástico por fuera.
Comimos al lado de la mezquita, hay una zona de restaurantes y todo el mundo te ofrece comer en su local, al final lo hicimos en uno en el que el camarero era clavado a George Clooney y eso a las chicas les gustaba.

Alrededor del Gran Bazar
Después nos acercamos a la pastelería en la que se inventaron las delicias turcas que también está cerca, son curiosas a mi me gustaron, se llama Ali Muhiddin Haci Bekir en la Hamidiye Caddesi nº 83. Y de ahí en busca de un bar donde sirvieran cerveza, que en Estambul no es muy fácil a no ser que el bar sea turístico, todo depende de si son musulmanes o no....pero tras un rato de búsqueda al final lo conseguimos.

En la calle principal en Sultanahmet, por donde pasa el tranvía descubrimos un rincón bastante curioso, entrando por un pasillo accedes a un patio donde hay varias teterías y todo el mundo está fumando en pipas y tomando té, así que nosotros no íbamos a ser menos, nos sentamos entre la multitud del patio y nos relajamos un buen rato dejándonos llevar por el ambiente.

Bazar de las especias
Y por la noche después de cenar descubrimos un mail de nuestra amiga Ana, en principio la debíamos recoger del aeropuerto al día siguiente, pero por problemas de salud de un familiar al final la pobre lo tuvo que anular, así que con el bajón de la noticia nos fuimos a dormir pensando ya en los planes para el día siguiente.


martes, 16 de noviembre de 2010

Turquía. Amanece lloviendo sobre Estambul

El 4 de Octubre amaneció lloviendo, sí que empezábamos bien las vacaciones y eso que miramos antes la meteorología, pero una vez más demostró que pocas veces aciertan. 
La noche anterior descubrimos que en el restaurante del hostel son un poco lentos sirviendo la cena, tardaron bastante en servir a las 4 ó 5 mesas que había ocupadas y unos guiris se cabrearon con el camarero.

Minarete de la mezquita azul
Después del desayuno, que como ya dije está incluido en el precio y no está mal, decidimos ir a investigar la zona y descubrimos una tetería que para acceder teníamos que atravesar un cementerio al lado de la calle Babiali cerca de Sultanahmet, en la cual sirven el té más barato de la zona y si quieres puedes fumar en pipa, por las tardes hay bastante gente, pero esa mañana como llovía no había apenas gente. Así que como el tiempo no acompañaba hicimos tiempo tomando un par de deliciosos tés de manzana.

Hombre preparándose para rezar
Como no nos íbamos a pasar todo el día metidos en una tetería, decidimos ponernos en movimiento, así que nos dirigimos a la Mezquita Azul, te hacen quitarte el calzado y las mujeres deben entrar con la cabeza cubierta, por lo que es mejor llevar un pañuelo, si no te dejan uno que se pone todo el mundo, además no pueden llevar minifaldas o pantalones muy cortos, también hay solución y les dejan unas faldas largas. La mezquita es impresionante tanto por fuera como por dentro y suele entrar mucha gente, más turistas que musulmanes, salvo a la hora del rezo que no nos dejan entrar, pero hay unos reservados en los que se ven a las mujeres musulmanas rezando, la entrada es gratuita.

Interior de la mezquita azul
A medida que recorremos las calles nos vamos dando cuenta de la habilidad que tienen los turcos para reconocer el país del que provienes y decirte algo en tú idioma, sobre todo las personas que tienen algún negocio.

No sabe inglés
Después nos acercamos al centro de artesanía de Estambul que está al lado de la mezquita y el resto del día lo dedicamos a hacer fotos por la ciudad, ya que hasta que no llegase Nuri no íbamos a entrar a sitios en los que tuviéramos que pagar para poder ir con ella.

Preparando un kebap

lunes, 15 de noviembre de 2010

Turquía, la ida.

En el año 2009 decidimos viajar a Turquía, un país por el que sentíamos curiosidad y teníamos muchas ganas de conocer, por lo que en septiembre de 2009 pusimos rumbo a ese gran país, esta vez acompañados por nuestra amiga Nuria.

Haciendo escala en Praga
A las 5 de la mañana apareció nuestro taxi con puntualidad británica, para llevarnos al aeropuerto, el sueño se nos pasó de golpe cuando casi nos damos una torta con otra conductora que decidió hacer la rotonda de plaza España por el exterior y también aderezado por nuestro taxista que era como un adolescente pero de 50 y pico, el cual a partir de ahí nos empezó a contar sus aventuras, las cuales eran algunas de ellas algo violentas, peleándose con otros conductores, echando coches fuera de la calzada, un peligro según sus historias. Por suerte nos dejó sanos y salvos en la terminal antigua de El Prat, ya que por esa época estaban trasladando todo a la nueva y aquí ya casi no quedaba nada.

Mujer rezando en la mezquita azul
Embarcamos puntuales, no esperábamos menos a esas horas, en esta ocasión íbamos a hacer escala en Praga, volábamos con Czech airlines, bastante amables y buen servicio, en Praga subimos al siguiente vuelo hacia nuestro destino sin problemas. No he comentado que Nuria iba a realizar el mismo trayecto pero llegaría el día 5, ya que no pudimos viajar todos juntos.
Ya en Estambul y después de pagar los 15€ de tasas y coger nuestras mochilas plastificadas, cambiamos dinero.

Mujeres haciendo creps
 El aeropuerto está muy bien comunicado, hay servicio de metro desde la misma terminal, es genial. No va directo al centro, así que tuvimos que hacer transbordo al tranvía en la estación de Zeytinburnu. Tuvimos la suerte de comprobar que era hora punta, ya que íbamos como sardinas y para animarlo mas íbamos con los mochilotes, lo cual complicó algo más la salida del vagón en la estación de Sultanahmet. Solo en este desplazamiento pudimos hacernos una ligera de idea de que estábamos en una ciudad bastante grande.

Mezquita nueva
 Una vez ubicados en el plano, fuimos directos al albergue, que está muy cerca de la Mezquita azul y de Santa Sofia, las cuales ya pudimos apreciar un poco de camino a nuestra casa temporal. 
El hostal está bastante bien, es de habitaciones compartidas con más guiris, se llama Istanbul Hostel, el precio no me acuerdo, pero no era caro y el desayuno está incluido, además desde la terraza del hostel, hay unas vistas impresionantes del Bósforo y se ve Santa Sofía.
Después de dejar nuestras cosas, nos dedicamos a dar una vuelta por la zona para investigar y comer nuestro primer kebap en Turquía. También probamos el famoso té de manzana y estaba muy rico.
De momento las sensaciones eran muy buenas, la gente agradable y todo era bastante bonito, eso sí estábamos en la zona turística de la ciudad

Tranvía con Santa Sofía al fondo
Como estábamos cansados del madrugón y del viaje decidimos dar una vuelta por las mezquitas para irnos a dormir.

Quim fotografiando Santa Sofía

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Buenos Aires, el último tramo del viaje.

Después del cambio en los planes y con la alegría de haber conseguido nuestro último objetivo, ver las ballenas, el lunes 7/12/2008 nos fuimos hacia Buenos Aires. Como tuvimos que cambiar el billete en el último momento, ya no quedaban camas, por lo que fuimos en asiento normal, total solo nos esperaban unas 20 horas de viaje, jejeje.

El trayecto como siempre se hizo pesado, aunque ya nos íbamos acostumbrando a este tipo de viajes, no dejan de ser muchas horas en el autobús. Suerte que por lo menos el trato fue muy bueno y además en el bingo que organizaron los de la compañía, Quim ganó una botella de vino. No es mucho, pero menos da una piedra!

A las 11.30 del día 8/12/2008 llegamos a Buenos Aires, allí nos unimos a Angèle ya que había llegado unos días antes y estuvimos esperando a que llegaran los demás procedentes de Bariloche. Con retraso, por la huelga que se encontraron en la carretera, llegaron y ya todos juntos de nuevo nos dirigimos a nuestro alojamiento, el Hostel Sandanzas.

Av. 9 de Julio y Obelisco.
Contándonos las anécdotas de los últimos días, llegamos a nuestro hostel donde nos colocaron en las habitaciones y pudimos echar una primera ojeada. Nos recibieron genial, con una cervecita fría para cada uno y con mucha amabilidad nos dieron todos los datos necesarios para los siguientes días, los últimos de nuestro viaje.

Buenos Aires ya lo habíamos visto un poquito el primer día de viaje, ya que estuvimos unas cuantas horas en la ciudad haciendo tiempo, por lo que ya conocíamos el Microcentro y la Casa Rosada. También habíamos descubierto la odisea que es coger un colectivo en esta ciudad, ya que el mismo número realiza recorridos diferentes y para el turista es muy complicado acertar con el coche correcto, sin contar por supuesto con el hecho de que solo funcionan con monedas y conseguir monedas en este país es casi imposible, nadie tiene cambio y por supuesto si pueden evitarlo no te van a dar el cambio en monedas.

Esa tarde, estábamos bastante cansados pero no quisimos perder el tiempo, de modo que nos fuimos a pasear por San Telmo y como el barrio no es demasiado grande seguimos caminando y terminamos en la Av. 9 de Julio donde alucinamos con su anchura y observamos el Obelisco. Nos fuimos de nuevo hacia San Telmo, donde cenamos en el primer sitio que pillamos y hay que decir que fue la cena más rara del viaje, ya que algunos no cenaron, otros se centraron en el famoso choripán y hubo quien cenó una ensalada de frutas, que no es más que una macedonia es decir, un postre. Así que ya con el bajón correspondiente a la paliza que llevábamos, nos fuimos a dormir a ver si al día siguiente conseguíamos estar más despejados.

Bar en el barrio de San Telmo.
El miércoles 9/12/2008, decidimos dedicarlo a hacer compras, teníamos muchas ganas de disfrutar de los comercios de la capital y nos aconsejaron varios sitios. El primer lugar al que nos dirigimos fue al barrio de Once, nos habían comentado que era el barrio más barato para comprar y que además había cosas chulas....en realidad no era así, es cierto que era muy barato, pero la calidad dejaba mucho que desear y tampoco eran de nuestro gusto, así que con la primera en la frente continuamos hacia las otras zonas que nos habían recomendado.

Seguimos con nuestro empeño y nos fuimos hacia la Av. Corrientes donde nos encontramos muchas tiendas de ropa más chula, muchas marcas pero en definitiva nada que no podamos encontrar en España, aun así hicimos varias compras y ya con medio día quemado buscamos un restaurante donde comer. 

Interior Café Tortoni.
Teníamos muchas ganas de ver las tiendas de artículos de cuero, así que nos dirigimos hacia allí y de nuevo, bastante decepcionante, la moda no es demasiado allá y no encontramos nada que nos hiciera gracia, así que ya con bastante bajón decidimos dejar el tema de las compras y nos fuimos hacia el hostel para prepararnos para salir por la noche. Nos habían recomendado varios sitios para ir esa noche, así que primero fuimos a cenar a La Maroma, que resultó no destacar ni en servicio ni en calidad, y luego nos dirigimos a la sala Fernández Fierro donde  los miércoles hay concierto. Efectivamente había concierto, pero llegamos tardísimo y ya estaban terminando, una pena porque prometía ser algo al menos diferente. De ahí nos fuimos al siguiente sitio recomendado, La Catedral, un nave habilitada como sala de baile y donde también hay música en directo. Esa noche tocaba la guitarra un grupo de tango pero nosotros para variar llegamos tarde y solo pudimos disfrutar de cuatro canciones, la noche estaba siendo todo un éxito desde luego ese día no había resultado ser lo esperado.

Al día siguiente, el jueves 10/12/2008 nos levantamos con más ánimos y sabiendo que el viaje tocaba a su fin, era nuestro último día en Buenos Aires por lo que decidimos tomárnoslo con calma e ir a algunas zonas turísticas a ver qué nos encontrábamos. Nuestro primer destino fue El Caminito, barrio muy famoso por su colorida calle, repleta de turistas y porteños vestidos de tango, al acecho de los turistas para intentar de algún modo sacarles el dinero. La zona es muy llamativa por sus colores, es una pena que sea una zona tan reducida.

Colorido en El Caminito.
Desde allí nos fuimos a Recoleta, este barrio ya es más tranquilo, hasta ahora lo que nos habíamos encontrado en Buenos Aires había sido bastante dejadez, calles agujereadas y cacas de perros por todas partes. En Recoleta todo está mucho más cuidado y pasear es agradable. Nos acercamos al cementerio, eran más de las 18.00 y estaba cerrado, pero en la puerta había mucha gente en sillas esperando porque era el aniversario de la fundación del cementerio y se celebraba un acto, estuvimos un rato viendo como desfilaban y continuamos con nuestro paseo. Nos dirigimos al centro donde entramos en el café más famoso de la ciudad por su antigüedad, el Café Tortoni, el interior es una pasada parece un museo por todos los detalles que tiene, así que disfrutamos de un café, más o menos decente y a la salida nos encontramos con la sorpresa de una banda que estaba tocando en la calle y que resultaron ser muy buenos, creo recordar que se llaman "Pollerapantalón". Así poco a poco, entre una manifestación del partido obrero nos fuimos hacia el hostal.

Isaac bailando tango en Caminito.
A última hora de la tarde teníamos clase de tango, lo organizan en el hostal y está incluido con el alojamiento, así que Jaume, Nuri, Quim y yo, cuatro valientes nos apuntamos a las clases y a ver por donde salía el tema. Resultó ser muy divertido, el profesor nos animaba bastante pero hay que reconocer que nos falta muchísimo para conseguir sacar un paso de tango decente, qué le vamos a hacer había que intentarlo. Cuando terminamos la clase nos fuimos a una milonga, donde va la gente del barrio a bailar y ahí sí que disfrutamos de lo lindo viendo como se mueve la gente, había algunos muy buenos, sin caer en el típico sitio para guiris en el que te clavan por ver el espectáculo, llevábamos días huyendo de eso porque lo que queríamos era ver algo auténtico y por fin lo habíamos conseguido. Con muy buen sabor en la boca, nos fuimos al hostel a descansar ya que al día siguiente nos esperaba la vuelta a Barcelona.

El viernes nos levantamos ya sabiendo que lo bueno había pasado, la sensación era que llevábamos muy poco tiempo y que todo había pasado muy rápido, habían sido 25 días intensos, pero lo habíamos vivido como si solo lleváramos una semana. Llegaron nuestros taxis y con bastante tristeza nos despedimos de Nuri que se quedaba una semana más, ella tiene la suerte de haber disfrutado también de la zona de Salta. Así nos fuimos alejando de Buenos Aires y comenzamos la última aventura de este viaje, la vuelta con Alitalia vía Roma que no prometía ser muy agradable, al final tuvimos suerte y todo se desarrolló con normalidad.
Barrio de Once.
Haciendo reflexión sobre el viaje tengo que decir que ha sido increíble, con lo que me quedo es con los paisajes, la naturaleza y las experiencias vividas con cinco amigos, las buenas y las malas que al final son las que conforman el conjunto del viaje.

martes, 9 de noviembre de 2010

Patagonia. Península Valdés. Puerto Madryn.

El 6/12/2008 a las 18.00, Quim y yo cogimos un autobús desde Bariloche rumbo a Puerto Madryn. Esta vez el autocar era bastante mejor, tuvimos la buena suerte de elegir cama por lo que nos pareció todo un lujo poder viajar ahí...después de la referencia de 35 horas en un autocar cochambroso, este a su lado era una maravilla.

La agenda se presentaba apretada, ya no nos quedaban muchos días de viaje por lo que lo habíamos organizado todo desde Bariloche, con la ayuda del Hostel Las Moiras habíamos planeado una visita relámpago para recorrer Península Valdés y avistar las ballenas, y por la noche tomar otro autobús rumbo a Buenos Aires. Pero una vez más nos dimos cuenta que todo sale mejor cuando no lo llevas preparado, y de nuevo tuvimos que realizar cambios importantes en nuestros planes.

A las 7.00 de la mañana del día 7/12/2008 llegamos a la estación de Omnibús de Puerto Madryn, a las 8.00 se supone que la empresa que habíamos contratado para que nos llevara a hacer las actividades nos recogería, de modo que tuvimos un rato para despejarnos y guardar nuestras mochilas en las taquillas de la estación y finalmente a las 8.20 nuestra guía apareció. Realizamos una ruta por diferentes hostales recogiendo a los turistas que nos acompañarían ese día y sin más nos dirigimos hacía Península Valdés.

Ñandús corriendo.
De camino a Peninsula Valdés nuestra guía, Karina, nos explicó que había un fuerte temporal de viento y que de momento el puerto estaba cerrado por lo que seguramente no se podrían realizar avistajes de ballenas ese día. Todos nos desanimamos bastante, de modo que decidieron realizar la ruta por Península Valdés primero y al medio día se vería si las condiciones habían mejorado para navegar. Previo pago de 45 pesos los extranjeros y 14 pesos los Argentinos, algo chocante para los europeos ya que aquí no hacemos esas distinciones, comenzamos la visita por la península. Esta  transcurrió con muy buena predisposición por parte de los pasajeros pero desde luego con poca por parte de nuestra guía. Nos enseñaron unas salinas, desde el coche, sin posibilidad de acercarnos y mucho menos de bajar del mismo, y tuvimos la suerte de ver varios animales por el camino, como por ejemplo lo que llaman ellos liebres, que no se parecen en nada a las que nosotros tenemos en mente, guanacos y ñandús. Cuando Karina veía alguno en la carretera avisaba al conductor, de modo que paraban el coche y se situaban lo más cerca posible para que durante unos instantes pudiéramos fotografiarlos desde nuestros asientos. En esta parte sin duda lo que más nos gustó fueron los ñandús, ya que tuvimos la ocasión de ver a un padre con bastantes crías al lado de la carretera. 

Pingüino.
Según avanzábamos por la carretera parece ser que nuestra guía se iba aburriendo, hasta llegar a quedarse dormida. Uno de los pasajeros, un tipo simpático de Buenos Aires realizó todo tipo de ruidos para intentar que volviera en sí, pero no había forma y ante la sorpresa del resto de los pasajeros la buena mujer se pudo echar una buena siesta, hasta que el conductor pegó un frenazo porque había visto unos cuantos guanacos cerca y ella, con el susto de no saber muy bien donde estaba solo acertó a coger el micrófono y decir; "se confirma, son guanacos".

Al fin llegamos a nuestra primera parada, una zona donde se encuentran las focas y los leones marinos. En esta época lo que más hay son focas, así que pudimos disfrutar un buen rato viéndolas en su hábitat. Desde ahí los que quisieran tenían la posibilidad de caminar un poco hasta divisar la Caleta Valdés, una formación en forma de brazo que va variando de tamaño y desde esa zona se ve bastante bien.

Leones Marinos junto a una foca.
Continuamos nuestra visita y paramos en la pequeña colonia de pingüinos que hay cerca. Nos sorprendió muchísimo comprobar que estaban muy cerca, algunos los llegamos a tener a tan solo un metro de nosotros, fue genial...unas cuantas fotos y vuelta al vehículo rumbo a Puerto Pirámides para ver si podíamos navegar. Al llegar nos dieron la noticia que ninguno quería oír, el puerto seguía cerrado y a priori seguiría así todo el día, nos dijeron que volverían a contactar tras la comida pero desde luego no pintaba bien. El grupo se dispersó, los ánimos no estaban muy bien de modo que cada uno comió por su lado y nos reunimos a la hora indicada.

El tiempo no mejoraba por lo que no abrirían el puerto. Las caras de la gente eran un poema así que nos propusieron realizar el avistaje a primera hora del día siguiente, aseguraban que haría buen tiempo. Nosotros ya teníamos el billete para esa misma noche hacia Buenos Aires, la verdad es que no sabíamos que hacer, por un lado pensábamos que era un lío cambiarlo todo, pero por otro sabíamos que ir hasta allí para no ver las ballenas era una pérdida de tiempo, los otros animales estaban bien pero no habíamos hecho tantos kms para no ver las ballenas. Tras unos momentos de reflexión decidimos intentarlo, cambiaríamos los billetes, si había sitio para el día siguiente y trataríamos de encontrar alojamiento. Nos llevaron a ver otra pequeña colonia de leones marinos, quedaban muy pocos pero por lo menos pudimos disfrutar de unos cuantos.

Ballena epulsando un chorro de agua.
De vuelta a Puerto Madryn, nuestra guía se volvió a dormir profundamente, ya ni siquiera nos sorprendía, simplemente nos hacía gracia....muy poco profesional pero resultaba cómico. Fuimos con ella a la oficina, su jefe nos intentó colocar en su carísimoGualicho, un hostel que está muy bien y que ya nos habían recomendado, ya no quedaban habitaciones baratas pero nos trataron tan bien intentando encontrarnos otro sitio, que al final y ante lo complicado del tema por ser puente, decidimos quedarnos allí. El paso ya estaba dado, nos dimos una vuelta por el pueblo y con la esperanza de haber hecho bien al cambiar los planes, nos fuimos a dormir agotados de tanto ajetreo.

A las 7.00 del día siguiente, nos pasaron a buscar al hostel, el tipo simpático de Buenos Aires también estaba allí alojado, de modo que emprendimos juntos el nuevo día. Esta vez la cosa prometía, nada de viento y un sol radiante. La guía, que se llamaba Andrea, no tenía nada que ver con la del día anterior, durante la hora que duró el trayecto nos estuvo informando largo y tendido sobre la fauna de Península Valdés, nos contó parte de la historia y además nos dio todo tipo de detalles a cerca de las ballenas, desde luego el día se presentaba mucho mejor.

Barco de turistas junto a una ballena.
Llegamos a Puerto Pirámides y embarcamos con la ilusión de ver ballenas. El capitán nos dijo que como estábamos al final de la temporada y el día anterior no pudieron salir, no tenían la seguridad de que aun hubiera ballenas, de todos modos había que intentarlo. Ante la sorpresa del capitán la espera duró poco tiempo, enseguida vimos a la primera ballena, se trataba de un ballenato solo, la madre había muerto y de momento parecía que le estaban alimentando entre varias madres, lo peliagudo llegaría cuando se fueran al sur que seguramente no se lo llevarían, una pena porque él solo no podría salir adelante. La primera impresión al ver el ballenato fue de mucha ilusión, es un animal que sobrecoge, era muy pequeño para lo que son las ballenas adultas pero igualmente era impresionante. Estuvimos un buen rato observándolo y con una sonrisa en la boca fuimos en busca de más ballenas.

Al otro lado del barco pudimos encontrar a una madre con su cría, la madre nos dijeron que era pequeña, unos 13 metros. Increíble que te digan que eso es pequeño, era bastante más grande que nuestro barco y cuando nos dejaba ver su tamaño impresionaba muchísimo. Como el día anterior no habían podido dar de comer a sus crías, ese día aprovechaban por lo que estaban muy tranquilas y solo se alteraban cuando alguna gaviota les picaba....una auténtica pasada.

Ballena Albina.
La sorpresa del día llegó unos minutos más tarde, cuando nos dirigíamos a otra zona nos encontramos con otro cachorro con su madre, en esta ocasión era más especial si puede ser. El ballenato era albino, parece ser que tenía un problema en la pigmentación de la piel y por eso era así, algo muy poco común que le hace muy vulnerable, por suerte cuando se hacen adultos su color se oscurece hasta hacerse casi tan oscuros como el resto. Por lo que nos dijeron estábamos teniendo muy buena suerte ya que solo le habían visto en 7 ocasiones durante toda la temporada, así que con agujetas en el brazo de tanto hacer fotos y con los ojos como platos por todo lo que acabábamos de ver, nos fuimos de nuevo hacia el puerto.

Definitivamente el cambio había merecido la pena, pasamos de tener un muy mal día, a tener una experiencia incomparable.....con una sonrisa perenne en la boca, cogimos nuestros autobús rumbo a Buenos Aires y aunque de nuevo en esta ocasión nos tocaría ir en semi-cama, no nos importaba. 


lunes, 8 de noviembre de 2010

Patagonia. Bariloche.

El día 2/12/2008 a las 23.00 llegó nuestro bus a El Chaltén, desde donde nos esperaban 35 horas de viaje por una carretera de ripio, es decir arena. Antes de viajar a Argentina nos habían dicho que los autobuses son geniales y tienen la opción de ir en cama, con asientos muy anchos que se tumban, de modo que puedes ir durmiendo si lo deseas. En esta ocasión nuestro gozo en un pozo...este tipo de autobuses no existen en este recorrido, por lo que nos tocó viajar en uno normal y corriente, un pelín cutre y con los asientos que se inclinaban lo normal. En fin, no nos quedaba otra así que emprendimos el viaje con toda la paciencia posible a través de la Ruta 40. 

Isaac fotografiando el pinchazo.
 En el trayecto nos pasó de todo; pinchamos una rueda por lo que estuvimos un rato parados y como nos lo tomamos con humor nos liamos a hacer fotos hasta que nos obligaron a  subir de nuevo al bus, tomamos un desvío absurdo pasando varias veces por la misma población por lo que perdimos unas 4 horas, paramos 4 veces en los sitios más recónditos de la Ruta 40, incluida una granja donde tenían un montón de animales pero todo cachorros y hacían pasteles caseros buenísimos y por la noche del día 3/12/2008 nos pusieron tres pelis seguidas de gladiadores a todo volumen y las que estaban en castellano estaban dobladas en mejicano por lo que a nosotros se nos hacía un poco cómico, será la falta de costumbre.

Por fin, con el cuerpo entumecido el día 4/12/2008 por la mañana llegamos a Bariloche. Cogimos dos taxis y nos fuimos al alojamiento que habíamos reservado, La Bolsa de Deporte, alojamiento aparentemente muy chulo hasta con un pequeño rocódromo para los forofos de la escalada. Cuando llegamos nos dijeron que no encontraban nuestra reserva y nos tenían que o bien colocar a los 6 en habitaciones diferentes, o bien llevarnos al alojamiento de un colega donde nos podrían meter a los 6 en la misma habitación. Después de sopesarlo y con las disculpas reiteradas de la dueña, nos acercaron al Hostel Las Moiras donde nos acogieron por el mismo precio que habíamos acordado en La Bolsa de Deporte, 35 pesos. El Hostel Las Moiras está muy bien situado, en pleno centro junto a la plaza donde se encuentra el Centro Cívico. Además el alojamiento está muy bien, con diferentes salas comunes, cocina e internet gratis.

Un valiente que se baño en el agua helada del lago.
San Carlos de Bariloche es una localidad muy diferente al resto de Argentina. Lo comparan con Suiza, yo no se si hay mucha comparación, pero sí es cierto que la arquitectura no tiene nada que ver con el resto, casitas de piedra y madera, está rodeado de montañas donde en invierno se practica el esquí, el lago Nahuel Huapi donde se realizan múltiples actividades y es la capital del chocolate, por lo que los golosos tienen su paraíso aquí.

Después de alojarnos nos fuimos a comer algo y dar una vuelta por la localidad, teníamos los pies muy hinchados por tantas horas de viaje por lo que decidimos ir a Playa Bonita a meter los pies en el lago, a ver si de ese modo por lo menos calmábamos la incomodidad de tener patas de elefante, una sensación super desagradable. Los colectivos o autobuses en Argentina funcionan de una forma muy especial, no sabes exactamente dónde se sitúan las paradas y los horarios y recorridos cambian por lo que es una pequeña odisea llegar a cualquier lado. El caso es que conseguimos llegar a nuestro destino y aguantando el agua helada del lago, nos relajamos disfrutando del paisaje.

Por la noche fuimos a parar al  Wilkenny Irish Pub, un pub muy agradable donde aparte de buena cerveza sirven unos licuados de fruta buenísimos, además tienen un pequeño escenario con espectáculos los fines de semana y esa noche nos sorprendió un cliente cuando salió al escenario y nos tocó varios tangos.

Casas en Bariloche.
El día 5/12/2008 lo dedicamos a la escalada. Después de mucho esperar el colectivo y con algún accidentado que otro como Jaume que haciendo el mono en la parada terminó con una herida en la pierna, conseguimos cogerlo y pasando por la periferia de Bariloche que desde luego no tiene nada que ver con la aparente riqueza de la ciudad, llegamos a las paredes de escalada. El sitio está bastante bien y las vistas son chulísimas, se ve el Lago Gutierrez desde arriba y enfrente el Cerro Catedral. Cuando ya llevábamos bastante rato en las paredes de escalada, algunos decidimos bajar al lago, la idea era meter los pies y tomar algo fresquito....al final lo conseguimos, pero lo que no nos imaginábamos es que el acceso al lago estaba bastante lejos de donde nos encontrábamos, por lo que caminamos al sol y por una pista de arena donde se nos hundían los pies, durante bastante tiempo, de modo que cuando por fin llegamos al lago además de meternos rápidamente al agua, conseguimos oscurecerla con toda la guarrería que llevábamos encima...qué sano es el campo!

Día de escalada.
 Ya todos reunidos de vuelta en el Hostel, nos pusimos guapetones...o por lo menos nos duchamos, y después de cenar fuimos a un local que nos habían recomendado, La Cantina, donde ponen Rock y Reggae. Estuvimos haciendo tiempo en un pub enfrente hasta que abrieron y luego fuimos a probar el famoso local. El sitio no está mal, además para entrar nos pidieron a todos la documentación para comprobar que éramos mayores de edad, a estas alturas eso a algunos les hace mucha ilusión (además de gracia) así que con una sonrisa entramos, al que le guste el reggae este es su sitio, nosotros estuvimos un buen rato y luego nos retiramos a descansar.

El tramo final hacia el lago.
 El sábado 6/12/2008, por la tarde nos separamos, algunos nos fuimos a Puerto Madryn ya que uno de mis sueños era ver ballenas, otros se quedaron unos días más en Bariloche y otra se iba a Buenos Aires donde tiene amigos. De modo que por la mañana hicimos una excursión cortita pero que nos había recomendado todo el mundo; Cerro Campanario. Se pueden subir de dos formas o bien en telesilla, o bien andando....nosotros como siempre, fuimos caminando y aunque es bastante más cansado merece la pena porque la vista es estupenda. Cuando llegas a la cima del Cerro Campanario tienes una vista privilegiada, se ven todos los lagos y montañas alrededor con una vista panorámica de 360º, es genial.

Panorámica desde Cerro Campanario.
A la bajada del Cerro Campanario nos despedimos, la verdad es que con un poco de tristeza, muchos días juntos y aunque nos reuniríamos en 3 días en Buenos Aires, en el fondo nos hubiera encantado seguir juntos todos los días.