martes, 9 de noviembre de 2010

Patagonia. Península Valdés. Puerto Madryn.

El 6/12/2008 a las 18.00, Quim y yo cogimos un autobús desde Bariloche rumbo a Puerto Madryn. Esta vez el autocar era bastante mejor, tuvimos la buena suerte de elegir cama por lo que nos pareció todo un lujo poder viajar ahí...después de la referencia de 35 horas en un autocar cochambroso, este a su lado era una maravilla.

La agenda se presentaba apretada, ya no nos quedaban muchos días de viaje por lo que lo habíamos organizado todo desde Bariloche, con la ayuda del Hostel Las Moiras habíamos planeado una visita relámpago para recorrer Península Valdés y avistar las ballenas, y por la noche tomar otro autobús rumbo a Buenos Aires. Pero una vez más nos dimos cuenta que todo sale mejor cuando no lo llevas preparado, y de nuevo tuvimos que realizar cambios importantes en nuestros planes.

A las 7.00 de la mañana del día 7/12/2008 llegamos a la estación de Omnibús de Puerto Madryn, a las 8.00 se supone que la empresa que habíamos contratado para que nos llevara a hacer las actividades nos recogería, de modo que tuvimos un rato para despejarnos y guardar nuestras mochilas en las taquillas de la estación y finalmente a las 8.20 nuestra guía apareció. Realizamos una ruta por diferentes hostales recogiendo a los turistas que nos acompañarían ese día y sin más nos dirigimos hacía Península Valdés.

Ñandús corriendo.
De camino a Peninsula Valdés nuestra guía, Karina, nos explicó que había un fuerte temporal de viento y que de momento el puerto estaba cerrado por lo que seguramente no se podrían realizar avistajes de ballenas ese día. Todos nos desanimamos bastante, de modo que decidieron realizar la ruta por Península Valdés primero y al medio día se vería si las condiciones habían mejorado para navegar. Previo pago de 45 pesos los extranjeros y 14 pesos los Argentinos, algo chocante para los europeos ya que aquí no hacemos esas distinciones, comenzamos la visita por la península. Esta  transcurrió con muy buena predisposición por parte de los pasajeros pero desde luego con poca por parte de nuestra guía. Nos enseñaron unas salinas, desde el coche, sin posibilidad de acercarnos y mucho menos de bajar del mismo, y tuvimos la suerte de ver varios animales por el camino, como por ejemplo lo que llaman ellos liebres, que no se parecen en nada a las que nosotros tenemos en mente, guanacos y ñandús. Cuando Karina veía alguno en la carretera avisaba al conductor, de modo que paraban el coche y se situaban lo más cerca posible para que durante unos instantes pudiéramos fotografiarlos desde nuestros asientos. En esta parte sin duda lo que más nos gustó fueron los ñandús, ya que tuvimos la ocasión de ver a un padre con bastantes crías al lado de la carretera. 

Pingüino.
Según avanzábamos por la carretera parece ser que nuestra guía se iba aburriendo, hasta llegar a quedarse dormida. Uno de los pasajeros, un tipo simpático de Buenos Aires realizó todo tipo de ruidos para intentar que volviera en sí, pero no había forma y ante la sorpresa del resto de los pasajeros la buena mujer se pudo echar una buena siesta, hasta que el conductor pegó un frenazo porque había visto unos cuantos guanacos cerca y ella, con el susto de no saber muy bien donde estaba solo acertó a coger el micrófono y decir; "se confirma, son guanacos".

Al fin llegamos a nuestra primera parada, una zona donde se encuentran las focas y los leones marinos. En esta época lo que más hay son focas, así que pudimos disfrutar un buen rato viéndolas en su hábitat. Desde ahí los que quisieran tenían la posibilidad de caminar un poco hasta divisar la Caleta Valdés, una formación en forma de brazo que va variando de tamaño y desde esa zona se ve bastante bien.

Leones Marinos junto a una foca.
Continuamos nuestra visita y paramos en la pequeña colonia de pingüinos que hay cerca. Nos sorprendió muchísimo comprobar que estaban muy cerca, algunos los llegamos a tener a tan solo un metro de nosotros, fue genial...unas cuantas fotos y vuelta al vehículo rumbo a Puerto Pirámides para ver si podíamos navegar. Al llegar nos dieron la noticia que ninguno quería oír, el puerto seguía cerrado y a priori seguiría así todo el día, nos dijeron que volverían a contactar tras la comida pero desde luego no pintaba bien. El grupo se dispersó, los ánimos no estaban muy bien de modo que cada uno comió por su lado y nos reunimos a la hora indicada.

El tiempo no mejoraba por lo que no abrirían el puerto. Las caras de la gente eran un poema así que nos propusieron realizar el avistaje a primera hora del día siguiente, aseguraban que haría buen tiempo. Nosotros ya teníamos el billete para esa misma noche hacia Buenos Aires, la verdad es que no sabíamos que hacer, por un lado pensábamos que era un lío cambiarlo todo, pero por otro sabíamos que ir hasta allí para no ver las ballenas era una pérdida de tiempo, los otros animales estaban bien pero no habíamos hecho tantos kms para no ver las ballenas. Tras unos momentos de reflexión decidimos intentarlo, cambiaríamos los billetes, si había sitio para el día siguiente y trataríamos de encontrar alojamiento. Nos llevaron a ver otra pequeña colonia de leones marinos, quedaban muy pocos pero por lo menos pudimos disfrutar de unos cuantos.

Ballena epulsando un chorro de agua.
De vuelta a Puerto Madryn, nuestra guía se volvió a dormir profundamente, ya ni siquiera nos sorprendía, simplemente nos hacía gracia....muy poco profesional pero resultaba cómico. Fuimos con ella a la oficina, su jefe nos intentó colocar en su carísimoGualicho, un hostel que está muy bien y que ya nos habían recomendado, ya no quedaban habitaciones baratas pero nos trataron tan bien intentando encontrarnos otro sitio, que al final y ante lo complicado del tema por ser puente, decidimos quedarnos allí. El paso ya estaba dado, nos dimos una vuelta por el pueblo y con la esperanza de haber hecho bien al cambiar los planes, nos fuimos a dormir agotados de tanto ajetreo.

A las 7.00 del día siguiente, nos pasaron a buscar al hostel, el tipo simpático de Buenos Aires también estaba allí alojado, de modo que emprendimos juntos el nuevo día. Esta vez la cosa prometía, nada de viento y un sol radiante. La guía, que se llamaba Andrea, no tenía nada que ver con la del día anterior, durante la hora que duró el trayecto nos estuvo informando largo y tendido sobre la fauna de Península Valdés, nos contó parte de la historia y además nos dio todo tipo de detalles a cerca de las ballenas, desde luego el día se presentaba mucho mejor.

Barco de turistas junto a una ballena.
Llegamos a Puerto Pirámides y embarcamos con la ilusión de ver ballenas. El capitán nos dijo que como estábamos al final de la temporada y el día anterior no pudieron salir, no tenían la seguridad de que aun hubiera ballenas, de todos modos había que intentarlo. Ante la sorpresa del capitán la espera duró poco tiempo, enseguida vimos a la primera ballena, se trataba de un ballenato solo, la madre había muerto y de momento parecía que le estaban alimentando entre varias madres, lo peliagudo llegaría cuando se fueran al sur que seguramente no se lo llevarían, una pena porque él solo no podría salir adelante. La primera impresión al ver el ballenato fue de mucha ilusión, es un animal que sobrecoge, era muy pequeño para lo que son las ballenas adultas pero igualmente era impresionante. Estuvimos un buen rato observándolo y con una sonrisa en la boca fuimos en busca de más ballenas.

Al otro lado del barco pudimos encontrar a una madre con su cría, la madre nos dijeron que era pequeña, unos 13 metros. Increíble que te digan que eso es pequeño, era bastante más grande que nuestro barco y cuando nos dejaba ver su tamaño impresionaba muchísimo. Como el día anterior no habían podido dar de comer a sus crías, ese día aprovechaban por lo que estaban muy tranquilas y solo se alteraban cuando alguna gaviota les picaba....una auténtica pasada.

Ballena Albina.
La sorpresa del día llegó unos minutos más tarde, cuando nos dirigíamos a otra zona nos encontramos con otro cachorro con su madre, en esta ocasión era más especial si puede ser. El ballenato era albino, parece ser que tenía un problema en la pigmentación de la piel y por eso era así, algo muy poco común que le hace muy vulnerable, por suerte cuando se hacen adultos su color se oscurece hasta hacerse casi tan oscuros como el resto. Por lo que nos dijeron estábamos teniendo muy buena suerte ya que solo le habían visto en 7 ocasiones durante toda la temporada, así que con agujetas en el brazo de tanto hacer fotos y con los ojos como platos por todo lo que acabábamos de ver, nos fuimos de nuevo hacia el puerto.

Definitivamente el cambio había merecido la pena, pasamos de tener un muy mal día, a tener una experiencia incomparable.....con una sonrisa perenne en la boca, cogimos nuestros autobús rumbo a Buenos Aires y aunque de nuevo en esta ocasión nos tocaría ir en semi-cama, no nos importaba. 


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