jueves, 9 de diciembre de 2010

Turquía. Nos quieren echar de la cueva.

Esa mañana nos levantamos con una sorpresa, nos echaban del hostel, debido a un mal entendido no les había quedado muy claro que nos quedábamos una noche más por lo que nuestra habitación la habían reservado a otros huéspedes, después de una pequeña discusión nos alojaron en otra habitación junto a una japonesa muy silenciosa y encima la habitación nos sale más barata, así que después del desayuno realizamos el cambio.

Paisaje en Capadocia.
Tras la mudanza volvimos a coger nuestro ferrari para seguir conociendo esta zona tan bonita, alquilar un coche terminó siendo una muy buena opción ya que nos daba la libertad de recorrer a nuestras anchas toda la zona, cuando veíamos un sitio que nos gustaba parábamos y dábamos una vuelta, sobre todo cuando veíamos puestos con tiendecillas, eso era un indicativo de que había algo interesante que ver.

Nuri en el interior de una casa en ruinas.
Uno de los lugares que nos gustó mucho fue la ciudad subterránea de Derinkuyu, un lugar enorme, si mal no recuerdo no estaba todo abierto al público, pero lo que vimos nos bastó, fuimos bajando por galerías y recorriendo todas las salas, con la suerte de que solo nos encontramos con una pareja en todo el recorrido, un lujazo. Después de la visita fuimos a comer a un pequeño bar local, en donde nos atendieron muy bien e incluso nos invitaron a té, se notaba que no acostumbran a recibir muchos turistas y eso nos gustó a todos, ellos se esforzaban por entendernos y nosotros nos divertíamos con la situación, incluso el camarero tuvo que ir a comprar coca-cola porque ellos no tenían y en lugar de decírnoslo simplemente optó por ir a comprarla para nosotros.

Mujer vendiendo muñecas típicas.
De aquí nos dirigimos al valle de Ilara, un desfiladero enorme, antes de llegar a la entrada, paramos al lado para hacer unas fotos y unas niñas se acercaron a Nuri y Elena para al parecer regalarles unas pulseras, Elena en concreto flipó cual pardilla cuando la niña le colocó la pulsera en la mano pensando que era un regalo, pero no, las niñas querían pasta a cambio así que tras el pago y que nos siguieran hasta el coche nos fuimos a recorrer el valle.

Otro paisaje en Capadocia.
Ahora sí que nos dirigimos a la entrada, había que bajar por unas escaleras hasta el fondo del desfiladero y paseando por el lugar se pueden visitar iglesias en las que aún se conservan pinturas. El lugar merece la pena visitarlo.

Quim, Elena y Nuri en lo alto del castillo de Ortahisar.
De aquí pusimos rumbo a Göreme, parando para hacer las últimas fotos del día. Después de cenar volvimos a Pacha Goreme donde no tenía nada que ver con el día anterior, estaba lleno y muy animado, el momento álgido llegó cuando pusieron música turca y algunos de ellos se pusieron a bailar con movimientos tradicionales. La verdad es que fue divertido y nos lo pasamos muy bien.

Ciudad subterránea de Derinkuyu.

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