martes, 25 de enero de 2011

Turquía. Hasta pronto Elena.

Me levanté pensando que mi viaje prácticamente había llegado a su fin, Quim y Nuri continuaban viaje pero yo inevitablemente tenía que volver al dichoso curro...qué le vamos a hacer.

En el hostel había un grupo bastante grande de Noruegos que habían pasado allí la noche, debía ser un grupo organizado por lo que les habían preparado un super desayuno, el caso es que los dueños se portaron muy bien y nos incluyeron en el banquete, un detallazo del que disfrutamos bastante.

Pequeña zona de baño e Antalya.
 Como no teníamos mucho que hacer hasta la tarde, simplemente dejamos pasar las horas relajados, dando vueltas por el centro, unas fotillos allí otras allá y un zumo con truco ya que nos quería meter una clavada, pero a estas alturas ya no picábamos como pardillos recién llegados y al final nos los ha dejado al precio normal.

El del bus del aeropuerto me hizo una gran despedida yendo como un loco por la carretera, así no se me olvida como conducen allí, una pasada. Y luego el típico mal rato en el aeropuerto hasta que nos despedimos y yo pasé a la zona de embarque donde sufrí bastante retraso por lo que mi llegada a Estambul se produjo más tarde de lo deseado llegando de noche al hotel. Pero bueno eso si que son gajes del viajero. El avión era de la compañía Turkish Airlines y tengo que decir que me trataron estupendamente con muy buen servicio a bordo....definitivamente las compañías españolas tienen mucho que aprender y no cobrarnos hasta por respirar como hacen.

El tranvía de Antalya.
Nuri y Quim continuaron el viaje, no sin antes volverse medio locos para terminar yendo a la estación de Otogar para pillar un taxi que les llevaría al encuentro de Roger y Jaume que estaban en la zona de escalada esperándoles, en el aeropuerto les pedían el doble así tuvieron que buscarse la vida para no picar.

De nuevo el taxista resultó ser un conductor de fórmula 1 y les llevó como un loco, hasta que supuestamente estaban llegando y decidió ir pisando huevos para así hacer cuadrar el taxímetro con la tarifa que les había dicho de entrada. Para colmo no sabía llegar y tras unas cuantas vueltas y el consiguiente incremento de la factura consiguieron llegar a la zona de escalada y a la Ecofarm Rasayana donde dormirían.

Zumitos zumitos...
El alojamiento es bastante chulo, todo ecológico, no puedes andar calzado por las instalaciones y ambiente de escaladores. Para terminar el día los cuatro cenaron como reyes y estuvieron charlando haciendo planes para el día siguiente...

Bastante cansadilla y desanimada llegue al Istambul Hostel, aunque llegué sola se acordaban de mi y me trataron bastante bien dándome conversación y haciendo que me sintiera bastante a gusto. Conocí a una de mis compis de habitación una japo que viajaba sola y tras una vueltecilla por la zona decidí irme pronto a dormir.

Atardecer en Antalya.
A la mañana siguiente ya con más ánimo conocí a mi segunda compi de habitación, en esta ocasión una brasileña que llevaba una buena temporada viajando sola por Siria, Jordania y Turquía, así que tras ponerme los dientes largos con sus relatos emprendí camino hacia el Gran Bazar donde me quedaban por hacer algunas compras.

Faroles típicos de Turquía
Así que dicho y hecho, unas compritas y algunas cosas que quería hacer antes de irme de Estambul; un té en la tetería del cementerio...auténtica donde las haya, una visita a la Mezquita de Süleymaniye muy chula y que no habíamos visitado y que hoy en día es la más importante y unas pastitas turcas como colofón al viaje.

Mujeres en la terería en Estambul.
Ya a la vuelta del viaje tuve mi última sorpresa, situaciones que suceden muy de vez en cuando al viajar y que hay que saborear. En el avión de vuelta conocí a dos españoles que habían pasado unos días en Estambul y tuvimos muy buena conexión, pasamos unas horas juntos contándonos nuestras respectivas aventuras y tuvieron el detallazo de llevarme a casa, por lo que la vuelta fue un poco más dulce. Tengo que decir que no les he vuelto a ver, ni siquiera recuerdo sus nombres, pero me hicieron sentir tan bien, que son de esas personas de las que te acuerdas con una sonrisa.

jueves, 13 de enero de 2011

Turquía. Pamukkale e Hierápolis

Tras la intentona fallida del día anterior, ya teníamos muchas ganas de caminar por las formaciones de calcio de Pamukkale, así que prontito nos pusimos en marcha. Desayunamos en el hotel con Jordi y Mari, típico desayuno turco con huevo duro, tomates y leche rarilla...parecía que estaba cortada así que preferimos pasar de ella por si las moscas.

Elena y sus fotos.
Ya en la entrada del recinto nos dijeron que debíamos ir descalzos para no destrozar la zona y la verdad es que es una gozada. Como cinco críos comenzamos a subir por la montaña parando cada dos por tres para hacer fotos, o alguna tontería jugando con el agua caliente que caía por las montañas. El calcio hace que sea muy rugoso y hasta que te acostumbras los pies duelen un pelín, pero bueno rápido coges el gustillo.

Según íbamos ascendiendo el agua estaba más caliente y hay unas piscinas naturales donde algunos se bañaban, nosotros nos conformamos con meter los pies y reírnos mucho con algunos personajes de la zona.

Quim y Nuri disfrutando como críos.
 Cuando menos lo pensamos ya habíamos llegado arriba, una pena porque estábamos disfrutando mucho aunque ya teníamos bastante dolor de pies, pero bueno aun nos quedaba descubrir la ciudad de Hierápolis, así que nos calzamos y emprendimos el camino. Hierápolis es una antigua ciudad griega de la que se conservan muy bien algunas zonas, sobretodo el teatro, el paseo central y la zona de las letrinas, el resto la verdad es que un montón de piedras sobre el suelo y hay que intentar imaginar como sería en aquella época.

Mari, Nuri, Elena y Jordi en agua super caliente.
Tras una buena caminata bajo el sol de justicia que caía, decidimos volver hacía la zona calcificada para de ahí bajar la montaña y comer en algún lado. Y así después de cuatro horas que habían pasado volando nos encontramos sentados en el restaurante donde engullimos la ansiada bebida!jeje.

Quim, Nuri, Mari y Jordi en Hierápolis. Foto muy natural...
 Una rica comida y muy buena charla intentando arreglar el mundo en compañía de nuestros amigos y una pareja al final del restaurante que no paraba de mirarnos, al final descubrimos que también eran españoles y la conversación debía parecerles interesante...

Aun nos quedaba un rato así que nos fuimos al hotel y estuvimos jugando al UNO hasta que llego la hora de coger nuestro Dolmus. Tras esperar un buen rato nos empezamos a mosquear porque no llegaba y nos parecía raro, hasta que el conductor de otro Dolmus nos dijo que no se cogía allí y tuvimos que echar una carrera hasta el sitio que nos había indicado pensando que ya lo habríamos perdido, pero hubo suerte. Con bastante penilla nos despedimos de Jordi y Mari ya que ellos continuaban el viaje hacía otra zona y nosotros volvíamos a Antalya.

Quim en las gradas del teatro. Hierápolis.
 El bus que nos llevó era bastante chulo, el mejor hasta el momento así que disfrutamos de nuestra comodidad llegando a Antalya 5 horas después y no 3 como nos habían vendido...Turquía es así. Ya en la estación nos dijeron que el 93 ya se había ido, así que cogimos otro Dolmus puesto por la compañía que aunque no le hizo ninguna gracia, nos terminó llevando al centro de la ciudad.

De excursión por las ruínas de Hierápolis.
 Al llegar al hostal hubo suerte ya que al final nos habían conseguido otra habitación de modo que ya rendidos por el largo día, caímos como troncos.