jueves, 13 de enero de 2011

Turquía. Pamukkale e Hierápolis

Tras la intentona fallida del día anterior, ya teníamos muchas ganas de caminar por las formaciones de calcio de Pamukkale, así que prontito nos pusimos en marcha. Desayunamos en el hotel con Jordi y Mari, típico desayuno turco con huevo duro, tomates y leche rarilla...parecía que estaba cortada así que preferimos pasar de ella por si las moscas.

Elena y sus fotos.
Ya en la entrada del recinto nos dijeron que debíamos ir descalzos para no destrozar la zona y la verdad es que es una gozada. Como cinco críos comenzamos a subir por la montaña parando cada dos por tres para hacer fotos, o alguna tontería jugando con el agua caliente que caía por las montañas. El calcio hace que sea muy rugoso y hasta que te acostumbras los pies duelen un pelín, pero bueno rápido coges el gustillo.

Según íbamos ascendiendo el agua estaba más caliente y hay unas piscinas naturales donde algunos se bañaban, nosotros nos conformamos con meter los pies y reírnos mucho con algunos personajes de la zona.

Quim y Nuri disfrutando como críos.
 Cuando menos lo pensamos ya habíamos llegado arriba, una pena porque estábamos disfrutando mucho aunque ya teníamos bastante dolor de pies, pero bueno aun nos quedaba descubrir la ciudad de Hierápolis, así que nos calzamos y emprendimos el camino. Hierápolis es una antigua ciudad griega de la que se conservan muy bien algunas zonas, sobretodo el teatro, el paseo central y la zona de las letrinas, el resto la verdad es que un montón de piedras sobre el suelo y hay que intentar imaginar como sería en aquella época.

Mari, Nuri, Elena y Jordi en agua super caliente.
Tras una buena caminata bajo el sol de justicia que caía, decidimos volver hacía la zona calcificada para de ahí bajar la montaña y comer en algún lado. Y así después de cuatro horas que habían pasado volando nos encontramos sentados en el restaurante donde engullimos la ansiada bebida!jeje.

Quim, Nuri, Mari y Jordi en Hierápolis. Foto muy natural...
 Una rica comida y muy buena charla intentando arreglar el mundo en compañía de nuestros amigos y una pareja al final del restaurante que no paraba de mirarnos, al final descubrimos que también eran españoles y la conversación debía parecerles interesante...

Aun nos quedaba un rato así que nos fuimos al hotel y estuvimos jugando al UNO hasta que llego la hora de coger nuestro Dolmus. Tras esperar un buen rato nos empezamos a mosquear porque no llegaba y nos parecía raro, hasta que el conductor de otro Dolmus nos dijo que no se cogía allí y tuvimos que echar una carrera hasta el sitio que nos había indicado pensando que ya lo habríamos perdido, pero hubo suerte. Con bastante penilla nos despedimos de Jordi y Mari ya que ellos continuaban el viaje hacía otra zona y nosotros volvíamos a Antalya.

Quim en las gradas del teatro. Hierápolis.
 El bus que nos llevó era bastante chulo, el mejor hasta el momento así que disfrutamos de nuestra comodidad llegando a Antalya 5 horas después y no 3 como nos habían vendido...Turquía es así. Ya en la estación nos dijeron que el 93 ya se había ido, así que cogimos otro Dolmus puesto por la compañía que aunque no le hizo ninguna gracia, nos terminó llevando al centro de la ciudad.

De excursión por las ruínas de Hierápolis.
 Al llegar al hostal hubo suerte ya que al final nos habían conseguido otra habitación de modo que ya rendidos por el largo día, caímos como troncos.

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