martes, 17 de septiembre de 2013

Doñana

Un día más hemos madrugado…sí sí, parece que últimamente nos ha dado algo al coco…pero no, en realidad es que habíamos contratado la visita al Parque Nacional de Doñana y el 4x4 salía a las 8,30h, por lo que no nos ha quedado más remedio que levantarnos pronto.

La verdad es que ha sido una pasada, salíamos del camping a las 7,45h y estaba amaneciendo, cuando estábamos llegando al Rocío el sol comenzaba a salir de un rojo intenso por el horizonte, ha sido un  buen comienzo de día y parecía presagiar lo que nos esperaba.

Atardecer en las playas de Doñana

Para visitar el Parque Nacional de Doñana sólo lo puedes hacer contratando a un guía, ya que está muy protegido y tienen restringido el acceso. Como es lógico hay varias empresas con las que puedes contratar, en la Lonely Planet viene bien explicado, por lo que ya sabíamos por dónde iban los tiros. Nos hemos decantado por la empresa Doñana Nature, desde el propio camping nos lo han gestionado así que genial. Precio 28€ por persona, en un recorrido de unas 4 horas por la zona.

¡A galope!

Ya nada más llegar Rosario, nuestra guía, nos ha avisado que es la peor época para visitar el parque ya que las marismas aun no se han inundado y las aves no han llegado, por lo que como mucho podíamos ver ciervos, algún ave que vive siempre aquí y con mucha suerte linces ibéricos. En el Jeep íbamos nosotros dos con otra pareja de Málaga y enseguida ha habido buen rollo por lo que el viaje se ha hecho ameno, además nuestra guía ha sido un encanto y se notaba que disfrutaba con su trabajo, así que genial.

Hemos atravesado la Aldea del Rocío, con algunas explicaciones sobre las construcciones y una breve historia del lugar y rumbo al parque en busca de algo de suerte. No hemos tardado mucho en encontrar huellas de linces, hay una hembra con tres crías que merodean la zona y se trataba de ellos, las huellas estaban muy recientes por lo que esperanzados las hemos ido siguiendo hasta que los hemos visto. Solo hemos visto a los tres cachorros, primero jugando en un árbol y luego correteando, ha sido increíble, hemos estado un buen rato por lo que incluso se han acercado más al coche para ver qué pasaba.

Por el camino

Con la sonrisa puesta en la cara, hemos continuado el camino acompañado de las muchas explicaciones que nos daba Rosario, donde hemos comprobado que como de costumbre los que mandan son los que menos experiencia de campo tienen y no están haciendo las cosas todo lo bien que deberían para proteger la zona. Además nos ha dicho que sigue habiendo caza furtiva y que es muy complicado controlarlo por las extensión del parque, antes los guardas vivían dentro y siempre estaban con sus caballos tras la pista de los furtivos, pero ahora todos están fuera, van en coches y no controlan tan bien la zona…una pena, y esta vez no se trata de falta de presupuesto, sino de no escuchar a la gente que realmente entiende de la zona.

Cría de Lince Ibérico curioso.

 En fin, tras esta charla continúo el relato. Continuamente se escuchaba la berrea de los ciervos, es época de celo por lo que los machos andan como locos, así que un poco más adelante de nuevo nos hemos detenido y ante nosotros han ido apareciendo varios ciervos que iban a beber. Primero un macho con alguna hembra y crías y luego se han ido acercando otros machos y hembras, como no esto no ha gustado al macho más grande y hemos podido ver incluso como se peleaban dos de ellos.

Aún queda algún flamenco en esta época.
Rosario encantada con nuestro éxito, así que hemos continuado el recorrido viendo algunas aves más, y la única zona con agua donde quedaban algunos flamencos y de ahí al centro de interpretación donde nos han puesto un audiovisual sobre el parque y hemos hecho un descanso.

A la vuelta ya poca cosa, íbamos bastante deprisa porque ya habíamos visto más de lo esperado, así que entre risas hemos llegado de nuevo a la aldea.

Velas en El Rocío
Momento de buscar un lugar para comer, esta vez en Matalascañas, que la verdad no es un sitio que entusiasme pero es lo más cercano que tenemos del camping. Por la tarde y tras observar como Quim se iba quedando dormido por las esquinas, hemos decidido bajar a la playa a relajarnos, bañarnos y dormir un poco que falta nos hacía. Y digo esto no por el madrugón que no ha sido para tanto, sino porque anoche tuvimos la estupenda suerte de tener a la familia más ruidosa y con menos respeto del mundo que no se cortó ni medio pelo y aunque les pedimos que se callaran no hubo manera. Menos mal que hoy ya se han ido y podemos disfrutar del silencio de la naturaleza con las olas rompiendo de fondo.


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