domingo, 15 de septiembre de 2013

Minas de Río Tinto



En este viaje vamos muy relajados y parece que nos cueste ponernos con el blog, incluso con nuestro libro de viaje, pero o bien llegamos tarde al camping o hay agentes externos que alteran nuestro viaje.

Retomando el viaje después de Mérida nos dirigimos a Andalucía, concretamente a Fuenteherida en la sierra de Huelva, allí acampamos en un camping muy tranquilo que se llama el Madroñal  el cual está lleno de castaños, una vez plantada la tienda nos acercamos a Aracena que está a pocos quilómetros, un pueblo tranquilo en el quel su atractivo turístico es la Gruta de las Maravillas en la cual no entramos ya que hemos estado en muchas cuevas y el precio tampoco nos invitaba, pero seguro que son muy bonitas.
Río Tinto
Dimos una vuelta por el pueblo y subimos al castillo que está en ruinas y desde allí se aprecia todo el pueblo y la vista es espectacular. Después decidimos acercarnos a Jabugo, pero descubrimos que no hay mucho que ver, el pueblo es muy bonito y tranquilo pero esperábamos encontrar más de lo que había, al fin y al cabo de ahí sale un jamón magnífico. Incluso intentamos ver los famosos cerdos de Jabugo, pero nuestro olfato nos falló y no supimos encontrarlos, así que debido al poco éxito nos volvimos a Fuenteherida en donde hay bastante vida y nos tomamos algo fresquito en una terraza.

Después de cenar en el camping, fuimos al bar de este para descargar las tarjetas de las cámaras, escribir, etc… en el interior del bar nos encontramos con Fernando un ciclista de Huelva que había conocido por la mañana que estaba de ruta y me agregué a la conversación que mantenía con Santi el del bar, mas tarde se unió Elena que estaba fuera alucinando porque había desaparecido y entre cerveza y cerveza fuimos disfrutando de una agradable conversación acompañados de unos tomates con los que nos obsequió Santi que procedían de su huerta y que estaban buenísimos.
Detalle de los colores del río.
 Al día siguiente madrugamos, sí habéis leído bien, para poner rumbo a las Minas de Río Tinto, el día anterior llamamos para reservar pero dijeron que no era necesario, suponemos que es porque estamos fuera de temporada y una vez en el Museo que es donde se encuentra el centro de información y que abre a partir de las 10:30 un hombre muy amable nos informó de las diferentes opciones y sobre todo nos dijo que lo que ellos ofrecían también lo podíamos hacer nosotros por nuestra cuenta salvo algunas excepciones de acceso a algunos lugares, por lo que decidimos ir por nuestra cuenta hasta las 13:30 que es la hora a la que salía el tren que recorre la zona minera por 10€.

Hicimos un recorrido a nuestro aire deteniéndonos en diferentes lugares para realizar fotos y subimos hasta peña de hierro en donde estábamos solos. La zona es increíble a pesar de lo árida que es, pero las diferentes tonalidades que tiene la tierra junto con el intenso color rojo del río que va dando tonalidad a las zonas por las que pasa hace que el espectáculo sea increíble gracias a la gran concentración de hierro que llevan sus aguas.

Fichas en el taller abandonado
Paramos en Nerva para tomar algo antes de subir al tren, al cual llegamos con el tiempo justo, de hecho fuimos los últimos en subir, el recorrido es muy bonito, lástima que solo pare al final del recorrido porque la máquina tiene que cambiar de lado, sería estupendo que parase en una estación intermedia con vagones y máquinas abandonadas, pero no lo hace.  Durante la ida hay una guía que da unas explicaciones muy buenas sobre la historia y la zona.

Una vez finalizado el recorrido volvimos al pueblo para comer algo, nos dirigimos a un restaurante que tenía el menú más barato muy cerca del museo a 7€, pero no es gran cosa, pero bueno no se puede tener todo pero no está mal por el precio.
Cerca del nacimiento de Río Tinto
Luego nos acercamos al barrio inglés, las casas son de la época en la que los ingleses dirigieron las minas y es curioso, la casa 21 estaba cerrada porque la estaban remodelando y no pudimos ver cómo vivían entonces. De aquí nos acercamos a un mirador que hay para poder ver el espectacular Cerro Colorado, pero eran las 17h y la luz era malísima por lo que decidimos esperar un poco, muy cerca hay otra mina abierta bastante grande así que sobre las 18h nos acercamos y para nuestra sorpresa descubrimos unos talleres abandonados de la época, lo que nos sorprendió ya que había botellas de oxígeno, máscaras y diversos utensilios, como nos gustan este tipo de cosas y conocemos las reglas sobre los sitios abandonados hicimos lo propio y respetamos la zona sin alterar nada, sin llevarnos ningún objeto y teniendo mucho cuidado en donde pisamos para que otro pueda disfrutar de la misma experiencia, tampoco  revelaremos el lugar exacto.
Variedad de colores
Con este buen sabor de boca nos subimos al coche para volver a nuestro campamento y hacer una paradita para que Elena pudiera coger para probar un queso pestoso y de paso un poco de jamoncito de la zona.
Al día siguiente recogimos y pusimos rumbo a Doñana, concretamente al camping Doñana playa, antes visitamos el abandonado camping que anuncian en la carretera que está justo al lado de Matalascañas avisados estáis, así que no le hagáis caso a esas indicaciones seguir dirección Mazagón. En esta época el camping es barato, no está muy lleno de gente, pero viendo las dimensiones del recinto nunca nos encontraréis por aquí en temporada alta, desde la recepción a la playa hay 1km.     
Detalle de un cajón en el taller abandonado
La playa es una caña, la temperatura del agua ideal y apenas hay gente, pero nuestras vacaciones van a sufrir un parón inesperado, ya que la hermana de Elena está en Mérida y claro como están “al lado” decidieron venir hasta aquí sin nada, ropa, tienda, etc… con nuestros sobrinos.

Después de playa, piscina, playa, nos acercamos al Rocío para verlo y desde aquí separarnos después de dar una vuelta en un carro tirado por un caballo por las calles arenosas del pueblo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario