sábado, 28 de septiembre de 2013

Sierra de Grazalema rumbo a Granada

Como todas las veces que toca cambiar de sitio hay que recoger la tienda y los trastos, cuando ya llevas unos días haciéndolo cada vez lo haces más rápido y eso es lo que nos pasa, es la rutina que menos nos gusta cuando tenemos que cambiar, pero bueno es lo que hay.

Esta vez elegimos la ruta más lenta para alejarnos de la zona de Tarifa que tanto nos ha gustado y decidimos acercarnos a Granada a través de la Sierra de Grazalema.
Sierra de Grazalema
Esta zona es un parque natural increíble, durante kilómetros vas atravesando bosques interminables llenos de alcornoques para de vez en cuando cruzar algún pueblo en los cuales el blanco es el color dominante en todos ellos, además de ser una zona estupenda para hacer senderismo y avistar aves.

Después de atravesar diferentes pueblos, decidimos parar a comer en el pueblo de Villaluenga del Rosario en el cual predomina la venta del queso de Payoyo que estaba por todas partes, pero que no probamos, la culpa la tuvo el Mesón en el que paramos “Los Caños” un local pequeño junto a la carretera, no dispone de menú, pero sus precios son más que aceptables y la calidad y cantidad no decepcionan, comimos de fábula y nos atendieron de igual manera.

Con los estómagos llenos reemprendimos la marcha para al poco parar porque vimos como un águila hacía un picado pasando por encima de la carretera e intentamos hacer alguna foto, pero debió escapársele la presa o igual no veía tan bien porque se posó sobre un cercado para emprender el vuelo enseguida y entre que colocaba el teleobjetivo el ave cogió una térmica y enseguida alcanzó altura hasta perderla, tenemos que ser más rápidos.

Cabras en la carretera
Pero las sorpresas no se iban a acabar aquí, cuando llevábamos unos kilómetros se coló una avispa por la ventana cayendo entre las piernas de Elena que iba de copiloto, inmediatamente ella levitó unos 10 centímetros sobre el asiento y con cara de pánico esperando el picotazo de nuestra nueva pasajera me gritaba que parase, pero no podía hacerlo en medio de la carretera así que tuve que hacerlo unos metros más adelante mientras oía como me increpaba. Una vez parados salí y fui a prestar mi ayuda para que pudiera salir del vehículo, aún seguía levitando, ya fuera nos pusimos a buscar a la intrusa sin dar con ella, pero cuando ella se auto cacheó detectó o creyó detectar que la había tocado en los pantalones, pero como yo no la veía mis dos neuronas dieron un chispazo y grité, ¡la tienes dentro de los pantalones! A lo que ella me miró como flipando sin entender nada y le dije ¡quítatelos! e inmediatamente ejecutó la orden. Ni rastro de la avispa, eso si la imagen era divertida, en medio de la Sierra de Grazalema al lado de la carretera Elena en bragas y los dos partiéndonos el pecho, así que sin encontrar a la inocente avispa se volvió a poner los pantalones y entre risas conseguimos reanudar la marcha.

Después de acabar de atravesar esta zona tan bonita entramos en la autopista para acabar llegando al Camping “El suspiro del Moro” elegimos este porque hay otro que está rodeado de carreteras y otro dentro de Granada que pensamos tampoco sería muy tranquilo, este está apartado, también cerca de la autopista a 12kms de la ciudad y al final pensamos que igual hubiera sido mejor quedarnos en el de Granada, pero bueno ya habíamos plantado la tienda, cuesta más o menos lo mismo que los otros, pero este está un poco aislado a pesar de estar al lado de Otura pero para verlo hay que coger el coche.

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