miércoles, 17 de septiembre de 2014

Lisboa. Primer contacto.

Viajar con Éric está siendo toda una aventura, no sabíamos cómo iba a responder y la verdad es que de momento aguanta como un jabato, estamos más que felices. Así que, como dice Quim, aunque bajemos el ritmo podemos seguir viajando...

Castañas en Baixa.

Desde Évora pusimos rumbo a Lisboa, donde llegamos entre chaparrones y con muchísimo viento. Tras alguna vuelta con el GPS, de esas que te incitan a tirarlo por la ventanilla, conseguimos llegar a la casa de Inés, que es la persona que nos ha alquilado el piso en Lisboa a través de Airbnb. Es la primera vez que probamos este sistema de viaje y la verdad es que nos parece una idea genial, alojamiento a precios razonables y con todas las comodidades como si estuvieras en tu casa. Inés es profesora y tardó un pelín en ver nuestras llamadas, tenemos que decir que avisamos un poco tarde de nuestra hora de llegada por lo que nos tocó esperar, aún así el recibimiento fue genial y el piso cubre todas nuestras necesidades.

Casas de Lisboa

Esta mañana Éric ha tocado diana más o menos pronto, pero como no habíamos preparado nada al final hemos salido un poco tarde, menos mal que aquí es una hora menos! Uno de los cambios que estamos notando es que nos tenemos que organizar mucho mejor y preparar muchas más cosas, ahora ya no consiste en preparar solo las cámaras y salir zumbando, tenemos que preparar todo lo necesario para pasar el día fuera con un bebé; ropa de recambio, pañales, crema de sol, trastos para la lluvia y por supuesto su comida.

Nuestro piso está cerca del metro de Olaias, no está muy cerca del centro pero en unas 6 ó 7 paradas te plantas donde quieras. El metro de Lisboa no está mal, pero con respecto a los accesos para carros y discapacitados deja bastante que desear, muchas escaleras y algunas estaciones sin ascensor o ascensores que no llegan hasta la calle. En fin, entre los dos se hace bastante sencillo así que cuando no queda otra cargamos con el carro y ¡alé para arriba!

Vista de los tejados desde el mirador de Santa Justa

Hemos empezado por Baixa/Chiado, donde hemos caminado un poco hasta la oficina de información turística. Ya mapa en mano y con bastantes indicaciones nos hemos dado cuenta que ya era la hora de comer, así que ha comenzado la tarea de buscar un sitio asequible y a ser posible poco turístico para comer. Tarea bastante complicada, toda la zona está repleta de restaurantes con la carta en mil idiomas y precios que de baratitos no tienen nada, así que al final hemos comido en una terracita en la Avenida da Liberdade en un sitio que se llama Maritaca es un puesto en la calle que hacen unas calçone que estaban geniales.

Elena haciendo fotos ayudada por Éric.

Ya sí, rumbo al tranvía 28 para hacer un recorrido por la ciudad. Nuestra intención era bajarnos lo más cerca posible del castillo y desde ahí callejear, pero como a veces se nos va la olla y no hay ninguna indicación que ayude, cuando nos hemos querido dar cuenta estábamos de nuevo en el barrio de Baixa. Total, en todos los viajes hay algún momento para hacer el primo y esta vez hemos empezado pronto. Así que recorrido por las callejuelas, pasando por el Arco de Sua Augusta y parada en una pastelería para merendar y probar unas pastelitos de Belem, que aunque Quim insiste que no son los auténticos, a mi me ha parecido buenísimo.

Panorámica de Lisboa desde el mirador de Santa Justa.

Por la tarde Lisboa tiene otro aire, la luz es preciosa y el ambiente cambia con músicos callejeros y artistas por los rincones, es una pena que Éric a estas horas ya empiece a estar cansadillo. Pero antes hemos decidido subir al mirador de Santa Justa para disfrutar del paisaje. La pena es que está en obras y un andamio lo cubre totalmente...ya tenemos la excusa para volver.

Tranvía por las calles de Lisboa.

Al mirador se puede subir en ascensor (pagando) o bien dando un paseo...la verdad es que la subida no es nada del otro mundo y se llega rápido. La vista merece la pena y hay una visión panorámica de toda la ciudad, además aquí el tiempo nos ha dado una tregua y nos ha enseñado Lisboa con la luz del atardecer, chulísimo. Así nos hemos despedido por hoy, esperando que mañana haya más y mejor.

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