martes, 23 de septiembre de 2014

Portugal. Palacio da Pena.

Como cada mañana, nuestro despertador favorito tocó diana, llevar a un bebé de viaje es asegurarte que despertarás pronto. Así que intentando no entretenernos demasiado, salimos de nuestra casa y fuimos hasta Sintra para desde allí continuar hasta las taquillas del Palacio da Pena.
Jardines del Palacio da Pena
 La mujer de la taquilla aconsejó a Quim subir caminando desde allí, dando un paseo por el bosque que dura unos 20 minutos, y si queríamos podíamos llevar el carro ya que el camino está adoquinado y luego en el palacio dejarlo en la tienda para poder visitarlo. Cuando vimos el camino decidimos dejar el carro en el coche y tirar de mochila y ¡menos mal! Sí, es verdad que podríamos haber ido con el carro, pero Éric hubiera llegado descoyuntado y el carro sin ruedas...
Palacio da Pena
 El paseo por el bosque es una auténtica pasada, super bonito. Hay tanta humedad que hay musgo en cada rincón, como dijo Quim si hay hadas tienen que vivir aquí, así poco a poco fuimos subiendo hasta llegar al palacio. La primera impresión es que va a salir Mickey por cualquier lado, lo tienen tan reformado y pintado de colores vivos que parece que estás en el parque Disney y que es un decorado...pero no, ahí está y es de verdad.
Detalle de la entrada
 La visita merece la pena, es bastante grande y vas pasando por las diferentes estancias repletas de detalles, tanto en las paredes y techos como en el mobiliario. Llega un momento, terminando la visita que llegas a la zona de las terrazas y como no, hay un bar donde tomar algo, la parte mala es que en ese momento pegaba bastante el sol e incomprensiblemente tenían todas las sombrillas plegadas, al pedirles que abrieran alguna nos dijeron que no podían por el viento, la verdad es que en ese momento no soplaba nada pero bueno lo mismo tenían previsión, así que con las mismas bajamos al restaurante donde comimos a un precio asequible.
Claustro manuelino
 Éric ya cansadillo, decidió hacer de niño bocina en el restaurante, así que en cuanto terminamos de nuevo le pusimos en la mochila donde se durmió rápidamente. Y aprovechando su siesta, decidimos dar un paseo un poco más amplio por el bosque, y lo que empezó siendo un paseíto se convirtió en un buen pateo recorriendo caminos, subiendo al mirador de la reina y de allí a las caballerizas y el chalet de la Duquesa d'Edla que es una casa de madera adornada con corcho por todas partes, bastante curioso.
Subida al alto de Santa Catarina
Con el peque de nuevo despierto tocaba una parada para rellenar su barriguilla y nos fuimos a dar un paseo por Sintra. El pueblo es también muy bonito, con palacetes y rincones chulos por todas partes, calles adoquinadas y tiendas de souvenirs y terracitas donde tomar algo. En Sintra también hay dulces típicos, los travesseiros, se trata de un rollo de hojaldre relleno de una crema que la verdad no se qué es pero está muy buena y las queijadas a base de queso que nosotros no probamos. El sitio más típico para comerlos es en Piriquita, pero lo mismo pensaron el resto de turistas y estaba lleno, así que fuimos a otro sitio y también disfrutamos de ellos.
Chalet de la Condesa d'Edla
 El día había sido completito y de vuelta de nuevo el GPS decidió descubrirnos un camino nuevo, no se cuántos habrá, pero todas las veces hemos vuelto por sitios distintos. Y de nuevo rutina, duchas, cenas y a dormir que mañana nos quedan más visitas.

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