viernes, 2 de octubre de 2015

Escocia. Los Highland Games.



¿Qué puede haber más tradicional en Escocia que sus famosos juegos de los Highland? Un montón de tíos con sus faldas escocesas, enormes y cuadrados lanzando troncos, pesos y tirando de cuerdas a lo bestia entre otras cosas. Pues sí, eso es lo que tocaba hoy. Resulta que hemos tenido la suerte de coincidir con estos juegos y encima la última reunión de la temporada, justo en la zona en la que estábamos…así que no lo podíamos dejar pasar. 

Tocando la gaita

Detalle de las medias (y los pelotes)

Nuestra primera noche en el mobile home de North Kessock fue bastante buena, comparado con el poco espacio que teníamos en la caravana parecía que estábamos en un palacete… encantados de la vida, muy acogedor y con buenas vistas al estuario de Moray. Al llegar nos explicaron que si nos asomábamos era fácil que viéramos delfines y águilas que bajaban a pescar, pero la verdad es que exceptuando el maravilloso paisaje, no vimos nada más.

Uno de los deportistas
Con nuestro punto de mira puesto en los juegos, nos pusimos en marcha sin saber a ciencia cierta si íbamos al pueblo adecuado, nos habíamos dejado en casa las anotaciones y no teníamos WIFI, así que nos dirigimos al pueblo que Ana recordaba que era el correcto, pero nuestro gozo en un pozo, terminamos en el super de esta ciudad donde sí había WIFI, chupando como vampiros de ella para por fin enterarnos del sitio adecuado. 

Los jueces
El paisaje una pasada, ríos y naturaleza por doquier, carreteras que atraviesan bosques preciosos y cabinas telefónicas en medio de la nada, eso sí, ¡muy inglesas!

Los juegos eran en una pradera, donde la organización cobraba la entrada y te indicaba donde aparcar. 6 libras cada adulto y 2 libras Éric. El ambiente muy curioso, merece la pena ir si tienes la oportunidad, como he dicho al principio un montón de tíos en falda lanzando cosas, pero no solo eso, también competían con el baile popular tanto niñas como adultos y te podías encontrar puestos de lo más variados, desde una tienda de chuches o perritos calientes, hasta una echadora de cartas del tarot o una grúa que lanzaba pelotas y las colocaba con gran precisión. La verdad es que esto me pareció más yanqui que escocés, pero no olvidemos las raíces de aquel país.

En plena competición


Tras flipar de lo lindo con el ambiente en los juegos, decidimos hacernos con algo de comida y seguir nuestro camino. Como no teníamos un rumbo establecido, paramos en un café donde plano en mano marcamos un par de puntos que podrían ser chulos.

Baile tradicional
El primer sitio el pueblo de Dornoch, con una super playa kilométrica. Es muy bonita e invita a pasear, además con tiempo si vas hasta el final puedes ver focas, o eso pone en la guía, nosotros no lo pudimos comprobar. Éric estaba con su siesta en el coche, por lo que bajamos Ana y yo a la playa, donde disfrutamos de un paseo con olor a mar y un bonito paisaje.

Playa en Dornoch
Nuestro siguiente punto Portmahomack. Pueblo de pescadores con mucho encanto donde hemos dado un buen paseo. El puerto es pequeñito, pero con sus casitas blancas junto a él, es bastante chulo.
Si algo hemos aprendido en los últimos días, es que las distancias en Escocia son diferentes, no solo porque se cuenta en millas, cosa bastante chunga cuando estás acostumbrado a los kms, sino porque cuando en España 100kms te los haces en menos de 1h, aquí puedes hacértelo en más del doble de tiempo…carreteras que están llenas de curvas, que atraviesan pueblos con semáforos y rotondas a “tuttiplein”, de un solo carril (incluso de un único carril) y bastante maluchas. Así que los planes para ver hoy el Lago Ness se fueron al guano por la hora que era y nos fuimos directos a Inverness para conocer la ciudad y dar un paseo.

Éric y Elena en Portmahomack
Igual que en Edinburgo los comercios cierran más tarde, en Inverness no es así. Eran las 18,30h y ya estaba todo cerrado, incluido el centro comercial. Nos sorprendió el poco movimiento en la calle, no ya solo por la hora sino porque era sábado. A estos horarios es complicado adaptarse. 

Paseo junto al río en Inverness
Inverness no lo habían pintado como una ciudad de paso, que no tenía demasiado. Pero la verdad es que nos gustó. Un paseo chulo por el centro, el castillo y junto al río. Fue una buena manera de despedir el día.                                 

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