miércoles, 15 de febrero de 2017

Visita al centro Fiers et Forts y una vuelta por Marrakech

Después del día anterior que fue tan intenso, entre la visita a Ait Bed Haddour y la paliza de la carretera hasta Marrakech, lo suyo hubiera sido descansar, pero con solo una semana de vacaciones ya descansaremos, pero no sabemos cuando J

Uno de los objetivos del viaje se iba a cumplir hoy, que era la visita a al centro Fiers et Forts, a través de Trip-Drop  para el cual llevamos cargando desde Barcelona una mochila llena de ropa y en las nuestras lo que no ha cabido en la primera.

Juntando fármacos
Para ello antes debíamos hacer una parada de abastecimiento en una farmacia, así que después de un desayuno para cargar pilas en el Riad Maud, cogimos el cargamento y nos dirigimos al parquing donde estaba el coche, cuando ya lo teníamos en nuestro poder, nos dimos cuenta que tenía un pequeño golpe que sabíamos no estaba el día anterior, Elena quería hacérselo saber al personal del aparcamiento a pesar de que le dijimos que no serviría de nada, así fue, la única respuesta del hombre que nos atendió fue encogerse de hombros y hacerse el loco.

Encima descubrimos que el parquing estaba en un lugar que conocíamos de Marrakech, por lo que ayer hicimos el primo, pero cansados, de noche y con el GPS off line que nos daba más problemas que ayuda no pudimos hacer más.

Zona de cultivo de Fiers et Forts
Encontramos una farmacia en la calle Ibn Khaldoun, 8 que se llamaba Maghreb, la primera que se cruzó en nuestro camino, nos pareció igual de valida que cualquier otra, aparcamos sobre la acera en la entrada de un parquing que hay al lado, el gorrilla se puso nervioso porque veía que no sacaría nada, mientras Elena y yo nos fuimos a realizar la gestión mientras nuestro equipo nos esperaba.

La farmacia no se caracteriza por la limpieza y el dueño y su colaborador daban la impresión de estar allí desde el descubrimiento de la penicilina. Le explicamos lo que queríamos, gastarnos unos  100€ que nos habían sobrado de la compra de la ropa con el dinero que nos donaron familiares y amigos y queríamos medicamentos infantiles. Nos dijeron que si pasaríamos al día siguiente a por ellos, pero les dijimos que no, que eran para ya, aquí empezaron a bloquearse un poco, pero se cruzaron algunas frases y suponemos que la cantidad les activó, comenzaron a sacar medicamentos de todas partes y a agruparlos sobre el mostrador, nosotros imaginamos que llevaban un control de la cantidad, pero cuando empezaron el recuento y a sumarlos vimos que no, la primera suma daba 260€ la cual se pasaba mucho de nuestro presupuesto, ojalá pudiéramos llevar todo eso, les pedimos que lo rebajasen y les recordamos la cantidad, comenzaron a quitar algunas cosas y volvieron a repetir la operación de recuento que dio un saldo de 130€, como ya llevábamos 2 horas y afuera el gorrilla estaba nervioso y nuestros compis esperando, decidimos poner nosotros la diferencia y salir con nuestro cargamento. Nos despedimos de ellos que no nos perdonaron ni una barra de cacao después de semejante gasto.

Una de las aulas
Una vez en el exterior, le dimos una propina al hombre del parquing y le prometimos volver por la tarde para dejar el coche, eso le gustó mucho más. Ya con los deberes hechos nos dirigimos hacia Tamesluht que está a unos 20 kilómetros de Marrakech, la dirección que llevábamos qy que está en la web del centro, no era la deseada ya que más tarde comprobamos que era una dirección de un buzón postal y que ni en correos, ni nadie del pueblo conocía el centro. Contactamos con la persona con la que siempre habíamos hablado antes de ir y ella llamó al centro ya que nosotros no conseguíamos hablar con ellos, quedamos que iría una persona a buscarnos y al cabo de media hora así fue. Atravesamos el pueblo y llegamos hasta una finca en donde una vez traspasados los muros salió a recibirnos la directora que nos agradeció de antemano nuestra visita. Si queréis ver como fue la entrega pulsar aquí.

Patio interior de la Madraza
Después de liberarnos de tanto volumen y peso y muy contentos, nos alejamos del centro y tras desandar los pasos antes de abandonar el pueblo vimos una especie de restaurante, pero la persona que lo regentaba nos dijo que ni se nos ocurriese comer en el pueblo, que de camino a Marrakech parásemos en una zona donde había varios. Paramos en uno en la zona que creímos que era la que nos había dicho el hombre, pero luego pudimos comprobar que nos habíamos equivocado. Lo pagamos caro, literalmente ya que a la hora de pagar y por lo que nos había costado en otros sitios vimos que se pasó con el precio 310 dirhams por 3 platos de carne, ya que Jaume no comió, después de protestar diciéndole que se había sobrado nos perdonó los 10dh, tampoco podíamos comprobar el precio en ninguna parte porque no figuraban en ningún sitio, consejo ante la duda preguntar.

Volvimos a Marrakech y dejamos el coche en el parquing, 50dh la noche, donde habíamos martirizado al gorrilla de la mañana y descargamos cosas en el Riad.

Detalle de los mosaicos
Como aún disponíamos de algo de tiempo decidimos acercarnos a la Madraza Ali Ben Youssef, así que atravesando calles y tiendas llegamos hasta la entrada. Fue la escuela coránica más grande del norte de áfrica en su momento y la darquitectura es increíble, la lástima es que la luz no nos acompaña y en el patio que es donde se encuentra la zona mejor decorada de la escuela no brilla con todo su esplendor, pero aún así disfrutamos de la visita. 

Habitaciones de los estudiantes
A la salida un hombre nos dijo hacia donde estaban los curtidores, pero al cabo de un rato cuando le preguntamos a otro nos dijo que ya no estaban, pero que aún así nos podría llevar, pero decidimos que ir para no verlo en su esplendor y sin luz no merecía la pena, así que pusimos rumbo a la plaza Jemma el Fna para cenar, donde no nos molestamos mucho en buscar un sitio donde cenar y así nos fue, cuando ya habíamos decidido comer pizza nuestro camarero que no tenía un buen día, nos dijo que no tenían, así que pedimos otros platos y de aquí nos retiramos a nuestros aposentos ya que al día siguiente nos íbamos a Essaouira, ¡qué ganas!


El bullicio de la plaza

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