lunes, 15 de mayo de 2017

Empuriabrava, disfrutando de la naturaleza.

Aprovechando los días festivos de semana santa, decidimos hacer una escapada a la Costa Brava, al principio no teníamos muy definido el destino en concreto ya que por suerte hay muchas posibilidades para poder disfrutar de esta zona, lo que nos condicionó el destino fue la oferta de alojamiento, no queríamos arriesgarnos a ir de camping porque el tiempo aún es variable, así que nos decantamos por Airbnb y vimos que por Empuriabrava la oferta era extensa y económica, el problema era que lo contratamos tarde y no tuvimos muchas opciones asequibles pero lo conseguimos, así que mirar con antelación los alojamientos.
Salimos el jueves que aquí era laborable y tranquilamente fuimos acercándonos a nuestro destino, comimos en Vila-Sacra en el  restaurante Cal Pastoret que conocía, pero han cambiado de dueños y ya no se come tan bien como antes.


Estupendas vistas desde nuestro apartamento
No teníamos prisa por llegar ya que el checking lo teníamos a las 16h y llegamos sobre esa hora, Éric ya empezó a entusiasmarse viendo tanto barco y piedras, últimamente le fascinan y todas son bonitas.
Nuestro anfitrión vino a nuestro encuentro y le acompañamos al apartamento, era muy pequeño, con terraza, pero ya nos iba bien y con vistas al canal que nos encantó a todos. Una vez instalados nos fuimos a investigar la zona y hacer una visita al supermercado, pasamos por información turística y nos acercamos a la playa para jugar un rato con la arena, algún valiente se estaba bañando pero nosotros lo descartamos.


Entrando en el parque natural
Al día siguiente como no, desayunamos en nuestra terraza disfrutando de las estupendas vistas. Luego nos fuimos a alquilar unas bicis en un local que teníamos a unos 200m y a Éric le encantó ir de paquete, nunca lo había probado y teníamos nuestras dudas pero desde el primer momento le gustó, ¡incluso iba achuchandome (Quim) para que corriese más!

Pato y su amiga tortuga disfrutando de la siesta al sol
Así que con nuestros nuevos vehículos pusimos rumbo als Aiguamolls de L’Empordà, que tiene una de las entradas en Empuriabrava desde la calle Carlit, tras cruzar por un bonito puente de madera sobre el río La Muga, fuimos siguiendo las indicaciones hacia el centro de información de El Cortalet, nos desviamos para ver la Ermita de Sant Antoni y durante el paseo fuimos haciendo paradas en los puntos de observación de aves que hay muchos y desde los cuales pudimos observar las aves que habitan la zona, es recomendable llevar unos prismáticos.

Una preciosa mariposa Reina
Cuando llegamos al Cortalet nos encontramos con bastante gente, esto es porque se puede llegar en coche, desde aquí parte otro camino hacia la playa y de camino a esta hay un mirador bastante grande a unos 2 quilómetros, lo malo es que está prohibido entrar con las bicicletas y las dejamos aparcadas, Éric después de ir como un rey sentado en seguida dice que ni hablar del asunto y que quiere ir en brazos, por lo que nos damos la vuelta y decidimos volver otro día con el carro, de vuelta al Cortalet aprovechamos para comer en un pequeño bar que hay en el parquing y con las fuerzas renovadas volvemos a Empuriabrava por el mismo camino, el tiempo se empieza a poner feo y para el día siguiente no pinta mejor.

Cigüeña junto a su nido
El sábado ante la previsión de mal tiempo y que de momento aguanta decidimos dar un paso en barca por los canales que es bastante popular y desde los que puedes ver las casas que hay, son 2 las empresas que ofrecen este servicio, no es muy barato pero bueno que le vamos a hacer, 35€ el barco. El paseo es tranquilo, tanto que llegamos a aburrirnos todos, incluso Éric pregunta si no podemos correr más pero es que lo único que se puede hacer es mover la palanca hacia adelante para avanzar y corregir de vez en cuando la trayectoria de la embarcación, hay casas muy bonitas pero sinceramente no repetiríamos.

Estanque del Matá y al fondo el mirador de Senillosa 
Una vez en tierra firme nos acercamos a Castelló d’Empúries, está muy cerca por lo que en seguida llegamos, aparcamos en un parquing gratuito al lado del Ecomuseo-Harinera y nos adentramos en el pueblo medieval, llegamos a la Basílica de Santa María, como Éric prefiere jugar con sus coches nos turnamos para verla por dentro para luego seguir paseando por el pueblo y disfrutar de sus calles. Éric ya comienza a dar muestras de cansancio y nos acercamos al centro del pueblo para tomar algo y que él pueda comer, al poco se confirmamos lo que sospechábamos y se durmió, así que fuimos a buscar el carro para que durmiera en el y buscamos un lugar donde comer. Queríamos hacerlo en el Racó de Castelló, pero estaba lleno hasta la bandera y el tiempo de espera era de “una hora larga”, así que nos quedamos con las ganas, si estaba tan lleno por algo sería, si lo queréis probar reservar antes.


Caballo curioseando
 Acabamos en Cal Patufet un poco más abajo, nada destacable, a la vuelta seguía lleno el anterior.
El tiempo no acompañaba por lo que decidimos volver a Empuriabrava y nos acercamos al aeródromo, para los que no lo sepan este es un lugar ideal para hacer paracaidismo y continuamente están saliendo aviones desde los cuales saltan cada día muchos aficionados. Aprovechamos para echar un vistazo en el túnel del viento que hay al lado y que estaba atestado de gente y descubrimos que será lo próximo que vendremos a hacer cuando Éric sea más mayor, flotar durante unos minutos sostenidos por el viento.
Deportes acuáticos
Nos acercamos otra vez a la playa, como el tiempo no acompañaba, ya que estaba nublado decidimos dar un paseo. Éric con su bici e íbamos parando en los diferentes parques infantiles que hay por el paseo que no están nada mal, mientras subía a todos los que podía, una vez disfrutado de ellos nos volvimos a nuestra caja de cerillas, digo casita.

Éric por las calles de Castelló d'Empúries

El domingo era nuestro último día en la zona por lo que recogimos los bártulos y tras despedirnos de nuestro anfitrión nos acercamos al parquing de El Cortalet para poder hacer la excursión que no pudimos disfrutar el primer día, lo malo es que había mucha gente en esta ruta, aunque a veces pudimos disfrutar de cierta paz, Éric en su carro y con pocas ganas de caminar, poco a poco nos acercamos al Observatorio Senillosa que fue un antiguo silo para el arroz desde el cual las vistas son espectaculares.


La muralla
Proseguimos un poco más la ruta y bordeamos el Estany del Matà donde vimos unos caballos que se acercaron, yo (Quim) estaba despistado y cuando se giró tenía la cabeza de uno de los caballos a su lado y pegó un bote que asustó a Éric que estaba en sus brazos, que sigilosos son. Parte del equipo empezó a quejarse (Elena) porque todo lo que estábamos andando hacia adelante luego tendríamos que hacerlo hacia atrás, así que le dimos la razón y nuestro punto más alejado fue el mirador Bruel. Dimos la vuelta y una vez en el parquing buscamos un lugar a la sombra donde comer, hay varias mesas de picnic, pero estaban todas ocupadas y acabamos en un banco con sombrita, después volveríamos a casa con el enfado de Éric que quería volver a la casa de vacaciones como él la llamaba.


jueves, 4 de mayo de 2017

Monasterio de Piedra, donde la protagonista es el agua.

Hacía tiempo que habíamos hablado de la posibilidad de ir al Monasterio de Piedra y aprovechando un bono regalo de alojamiento pusimos rumbo a Alhama de Aragón para alojarnos en el hotel balneario del mismo nombre. Lo malo del balneario es que con Éric solo podemos entrar en el Baño del Moro ya que tiene menos de 4 años.

Uyendo de la niebla
Llegamos por la tarde y fuimos directos al hotel, con tan buena suerte que estaban de obras al lado, picando en el suelo y nuestra habitación tenía el privilegio de poder observarlas, gracias a la falta de luz, bendito invierno, se acabó el concierto cuando anochecía, así que salimos a tomar algo nada más instalarnos en nuestra segunda habitación ya que la primera que nos dieron no estaba limpia.

Las cascadas están por todas partes
El pueblo es tranquilo y hace un frío que pela, así que nos refugiamos en un bar para tomar algo. Para cenar descubrimos un sitio que hacen unas tostas buenísimas en "Más que Tapas" en la Avenida Aragón, 5 y el personal es muy amable, después del descubrimiento era la hora de volver al hotel, ¡qué frío!

Con Éric a cuestas y para arriba
Por la mañana después del suculento desayuno en el hotel, nos pasamos por las aguas termales del Baño del Moro que hay en el interior, nos lo pasamos en grande los tres con el agua calentita, así da gusto empezar el día, después pusimos rumbo al Monasterio de Piedra que se encuentra a unos 18 kilómetros del pueblo, atravesamos una espesa niebla que pensábamos que nos iba a acompañar todo el día, pero en un alto desapareció de golpe para dejar paso al sol, ¡menos mal!. Al pasar por el embalse de la Barquera hicimos una parada para hacer fotos ya que la zona es muy bonita y continuamos la marcha.

¡Agua, agua, agua!
Como es fuera de temporada en el parquing del Monasterio hay pocos coches, pero por las dimensiones que tiene seguro que cuando hace mejor tiempo debe llenarse bastante. Nosotros compramos las entradas en la web del recinto antes de ir, te ahorras algo pero no una barbaridad, lo malo de comprarlas de manera anticipada es que si tienes algún imprevisto te las comes con patatas porque solo valen para el día que las compras.

El agua fluye por todas partes
Con la entrada se puede acceder al Jardín y al Monasterio, así que empezamos por los jardines. Poco a poco vamos bajando, Éric no tiene muchas ganas de caminar así que enseguida lo subimos a la manduca, el lugar es espectacular el agua fluye por todas partes, cascadas, arroyos, lagos. Supera con creces lo que nos esperábamos, lástima que Éric no tenga muchas ganas y cuando nos paramos para hacer fotos se queja, lo que no sabíamos era que se estaba poniendo enfermo lo cual descubrimos por la noche.

Cascada La Caprichosa
Todo el recorrido está marcado y a través de una gruta pasamos por detrás de una espectacular cascada, a Éric le va gustando más el recorrido y todos disfrutamos de la exuberancia del parque hasta que llegamos al final sobre la hora de comer, decidimos comer en el restaurante Piedra Vieja que está en la entrada, no se come mal, pero el café no te lo puedes tomar sentado en la mesa si no que tienes que ir a la barra, más tarde descubrimos que había bastante oferta para comer y más barata en Nuévalos que está muy cerca, lo malo es que tienes que coger el coche, pero si volvemos lo haremos.

Interior del Monasterio

Después de llenar el estómago tocaba el monasterio, hay una visita guiada incluida en el precio pero decidimos hacerla por libre en previsión de que Éric no le apetezca y así ir tranquilos. El monasterio es del siglo XIII, enseguida vemos que tuvo que ser uno de los más importantes en su época, incluso fue el primer lugar en España en el que se elaboró chocolate a la taza. En el monasterio también podemos visitar el museo del vino y lo que queda de la iglesia que está en ruinas.

Lo poco que queda de la iglesia
Volvemos de nuevo a Alhama de Aragón al hotel y para descansar un poco nos pasamos por un tratamiento de barro que teníamos incluido, la verdad es que a lo mejor a largo plazo puede estar bien, pero no notamos grandes beneficios, quizás me hubiera podido hacer un botijo o una vasija, eso sí, olía muy bien.

"Más que tapas"
Cenamos en el mismo sitio, si algo funciona no lo cambies, tampoco la oferta es muy extensa en el pueblo y como ya nos conocen del día anterior así que sin problema, volvemos a cenar estupendamente y nos retiramos a dormir.

Éric no lo pasó muy bien tuvo fiebre alta y como no estábamos tranquilos por la mañana lo llevamos al médico del pueblo, como somos un desastre nos habíamos dejado su documentación, un día nos dejaremos la cabeza, así que después de algunas llamadas para conseguir su número de la seguridad social el cual no hizo falta, fuimos al centro de atención y allí nos dijeron que iban con un retraso de 45 minutos y que no sabía si la pediatra nos podría atender y nos sugirió ir al próximo pueblo. Después de este panorama, girarnos y observar que la sala está vacía y la mujer de recepción ver nuestra cara de incredulidad decide acudir a la pediatra y esta nos repite lo mismo, pero al ver a Éric chafado nos dice que intentará hacer un hueco, durante la espera aparecieron algunos paisanos y al cabo de 15 minutos aproximadamente nos atendió y al final acabó el tema en antibiótico y con la tranquilidad proseguimos el viaje hasta Madrid. Éric se recuperó rápido, pero nos lo pasó a media familia :-o

Siempre que viajas sabes que estas cosas pueden pasar, nosotros siempre viajamos con un pequeño botiquín y desde que está Éric, el Apiretal y el Dalsy no pueden faltar.