lunes, 4 de diciembre de 2017

Santander, ¿qué más nos puede pasar?

Cuando en agosto conseguimos una ofertaza de Vueling para ir a Santander por 10€ el trayecto y persona para aprovechar la visita y estar con nuestros amigos Ana y Xermán, nunca nos hubiéramos imaginado que en el calor de la compra de los billetes nos íbamos a quedar helados durante el viaje.

Éric y los trenes
Siempre que vamos de viaje como es lógico vamos con muchas ganas de conocer el lugar, probar la gastronomía, encima en este viaje íbamos a ver a nuestros amigos que hacía mucho que no los veíamos, pero poco antes de ir a Santander Ana nos dijo que les había salido una convocatoria de oposiciones en Sevilla y se tendrían que ir el viernes hacia allí, ya es mala suerte con la cantidad de semanas que tiene el año, pero bueno los veríamos igualmente aunque fuese poco.

Agua y más agua
Cuando se acercaba el día de marchar para hacerlo más emocionante se acercaba un frente de lluvia y frío por el norte y este cambio empezaba desde el día de nuestra llegada hasta el domingo que nos volvíamos, hasta el mal tiempo aprovechó la oferta de vueling, ¡qué éxito tienen!

¡VAMOS PARA ALLÁ!

El miércoles 29 de Noviembre salimos con nuestras maletas rodantes, nuestro primer viaje en avión con maletas y sin facturar los tres, Elena no iba muy convencida cuando se lo planteé, pero lo conseguí. Fuimos en metro hasta la Terminal 1, esta primera etapa a Éric le encantó, qué puede haber mejor que ir en tren y encima la línea que va al aeropuerto es sin conductor por lo que fue todo el trayecto en la parte delantera.

Paseando por la ciudad
La tarjeta de embarque la sacamos en el aeropuerto, ya que por internet el sistema se empeñaba en cobrarnos los asientos aunque fuese aleatorio y eso que había muchos sitios libres cuando empezamos el trámite una semana antes del vuelo, incluso llamamos a Vueling y nos dijeron que hay un cupo para los gratuitos y que se debían de haber acabado, ¿casualidad?

En fin, en las máquinas de Vueling que hay en la terminal se hace la tarjeta de embarque en un momento, eso si no tienes que facturar equipaje.

Antiguo dique seco
Nos dirijimos al control de seguridad para familias que se encuentra a la izquierda del filtro general, si vas con niños es lo mejor, tiene una escáner paras los líquidos, un pequeño parque para poner al peque mientras cierras el carro, no está abarrotado y es menos estresante la operación, como Éric ya no va en carro es más fácil.

Íbamos muy bien de tiempo así que desayunamos tranquilamente y embarcamos sin problema hacia la tormenta perfecta. Ya aterrizamos con la pista mojada por la reciente lluvia y andando fuimos del avión hasta la pequeña terminal del aeropuerto. Intentamos buscar a alguien del aeropuerto para que nos informase de cómo ir a la empresa de alquiler Goldcar que no está en la terminal, pero no había nadie, así que le preguntamos a un operario que encontramos fuera de una empresa y resulta que hay un servicio que nos lleva hasta allí, de hecho nos estaban esperando.

Empieza la fiesta de la lluvia
Aquí empezó otra fiesta, con la emoción del precio barato del alquiler del coche, no entraba nada, a duras penas las ruedas y algo de coche, a veces parezco nuevo (Quim), por lo que cualquier percance del coche lo íbamos a pagar con creces y encima con la lluvia la probabilidad era más alta, así que tuvimos que contratar un seguro adicional y apenas nos hicieron descuento por la silla de Éric, total que podíamos haber alquilado con una compañía de las que hay en la terminal y hubiera sido lo mismo, ¡qué pardillo!, por lo menos nos dieron un coche mejor, un Golf TDI.

Mejor a cubierto en el Mupac
Santander está muy cerca y en seguida fuimos hasta el lugar de trabajo de Ana para esperarla, para luego aparcar el coche al lado del Palacio de Festivales de Cantabria, un edificio bastante feo y fuimos caminando hacia el restaurante "La Pirula" Elena me hizo volver a por los paraguas y al volver con ellos ¡empezó a granizar!, empezamos bien.

Una vez en el restaurante nos preguntamos por qué no habíamos ido en coche, total entre las 14h y las 16h no se paga la hora azul y encima cuesta 0,75€ la hora, acostumbrados a los precios de locos de Barcelona...

Antiguo oso cavernario
Comimos muy bien, aquí se incorporó la pareja de Ana, Xermán que todavía no conocíamos personalmente. Con el estómago lleno hicimos un intento de visitar el Museo Marítimo del Cantábrico, ya que el día no acompañaba, pero eran las 17h y cerraban a las 18h y pagar 8€ los adultos para entrar no merecía la pena.

Como Ana trabaja en el Museo de Prehistoria y Arqueología (MUPAC) y Xermán ha trabajado también en el, nos propusieron visitarlo y allí que fuimos.

El museo está muy bien ambientado
La exposición permanente se trasladó a este edificio en el 2013 y es impresionante por la calidad de las piezas de arte prehistórico como la exposición en si y si le añades ir acompañado de dos expertos que han trabajado en el museo ya no se puede pedir más. Pronto haremos un post sobre el museo.

Después de este viaje en el tiempo y ya de vuelta al presente, decidimos retirarnos deseando que el día siguiente nos de una tregua para poder descubrir la ciudad. Pero si algo tiene que salir mal, saldrá, ya veréis.




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