lunes, 26 de marzo de 2018

Último día en Palma y de ¡Carnaval!

El último día en Mallorca decidimos tomarlo con calma y dedicarlo sobre todo a que Éric disfrutase, aprovechando que es carnaval nos enteramos que por la mañana hay un montón de actividades en Palma para los más pequeños, Sa Rueta.

Disfrutando de las marionetas
Como nos alojamos cerca del centro nos acercamos caminando  y empezamos desde el principio donde encontramos las primeras actividades en La Rambla. Hay de todo; música, marionetas, talleres de máscaras, photocall con tu disfraz, pintar en el suelo, magia, hay tantas cosas que cuesta elegir, así que decidimos quedarnos en una de marionetas que empieza en pocos minutos.

¡Confeti por un tubo!
Éric presta mucha atención a todo lo que sucede en el pequeño escenario igual que muchos niños que tenemos a nuestro alrededor, es uno de los mejores días a nivel climatológico, menos mal, por lo que en la calle hay mucha gente y está todo el mundo muy motivado a pasarlo bien, después de varios días grises.

Una vez acabada la representación, seguimos con el paseo, parece que todos vamos hacia el mismo lugar. En la plaza del Rey Juan Carlos I, hay mucha actividad reparten globos y confetis por lo que nos echamos los unos a los otros y Éric se lo pasa en grande, además hay unos camiones de bomberos para que los pequeños los vean de cerca.

Plaza de la Reina
Seguimos bajando por el Paseo del Born hasta llegar a un espectáculo de payasos, pero Éric ya no muestra mucho interés y decidimos aprovechar el buen tiempo para pasear por la zona de la catedral y visitar el interior. Disfrutamos de la tranquilidad y visitamos la polémica obra de Barceló llamada la Capilla del Santísimo.
Palacio Real de la Almudaina
Cómo ya va siendo la hora de comer nos acercamos a la Plaza de Santa Eulalia y decidimos entrar en el Café Plaza, aquí a Éric se le acaba la paciencia cuando descubre que se les ha acabado la tortilla de patatas, esto es lo peor que nos puede pasar, así que con el disgustazo intentamos convencerle para probar otra cosa, hasta que asume que hoy no probará la tortilla.

Interior de la Catedral
Comemos bastante bien y volvemos a casa pasando por la Plaza Mayor y así unirnos a nuestros anfitriones para juntos ir por la tarde a la Rua de Carnaval.
Si por la mañana había gente, por la tarde parece que ha salido toda la ciudad para disfrutar del acontecimiento, cómo podemos nos unimos al gentío y disfrutamos de la fiesta. Por delante de nosotros no paran de pasar vehículos con todo el mundo disfrazado y lanzando caramelos. Estamos un rato hasta que vemos que el reloj nos apremia y volvemos a por las maletas para despedirnos de Carles y su hija.

La Obra de Barceló
Llegamos a la zona del aeropuerto y después de meter la pata con el acceso para llenar el deposito antes de devolver el coche, abandonamos la gasolinera y de nuevo la vuelvo a cagar con la salida de  la rotonda para desesperación de Elena, vaya empanada que llevo.

Devolvemos el coche sin problemas y nos dejan en la terminal en poco tiempo. Para pasar por el control de seguridad lo intentamos por el de las familias en el que no hay nadie, pero como no llevamos carro nos dicen que vayamos por donde todo el mundo. No entendemos porque Aena en un aeropuerto te atiende de una manera y en otros de otra.

Sobrasada, ¡Qué rica!
Confiados que vamos con tiempo no compramos una ensaimada nada más pasar el control que son más caras por lo que comprobamos más tarde, pero cuando compramos algo para que Éric cene descubrimos que nuestro avión está embarcando por lo que salimos por patas a la puerta de embarque y en efecto ahí está todo el mundo entrando.

La Rua de la tarde
Esta vez nos sentamos en la parte delantera en los asientos que tienen más espacio entre ellos y despegamos hacia Barcelona donde llegamos sin problemas, una vez en la terminal avisamos al parquing Cardenas en donde tenemos el coche, nos recogen a los pocos minutos de llegar al aparcamiento del aeropuerto y una vez en nuestro coche, ¡tachan! ¡no arranca!

En el aeropuerto de Barcelona
Hasta este punto todo parecía que iba sobre ruedas, sin problemas de retrasos, pérdidas de equipaje que además nos "obligaron" a facturar con la excusa de que el vuelo iba muy lleno, pero claro algo tenía que fallar. El motor no hacía ni la intención de querer ponerse en marcha, por suerte en el parquing tienen una batería para arrancar el coche, no somos los primeros, enseguida el coche cobra vida y descubrimos que luz interior nos la habíamos dejado encendida, sumado a 5 días aparcado igual a batería descargada. Así que con este pequeño inconveniente ya pudimos volver a casa.

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